11 dic. 2010


Más de dos siglos buscando la felicidad1

por Oswaldo de Rivero


En 1776 la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos proclamó que un derecho inalienable del hombre es la búsqueda de la felicidad (the pursuit of happines). Durante mas de dos siglos esta búsqueda, se puede decir, que ha sido personal, pero desde hace unos años, se ha desarrollando por el mundo una creciente búsqueda de felicidad nacional, tan ansiosa, que tiene ya visos de irracionalidad.
Hoy están de moda los estudios y las encuestas sobre la felicidad nacional. Según los resultados de ellos, los ciudadanos de los países encuestados consideran que el factor más importante que les da felicidad es el goce de suficientes ingresos para satisfacer necesidades, que van mucho más allá de la satisfacción de sus necesidades básicas, como la alimentación, la vivienda o la salud. Se puede decir, que después de dos siglos, la felicidad en los paises se busca hoy a través del aumento de los ingresos personales para adquirir y consumir las nuevas necesidades creadas por el mercado y la publicidad. Todo lo cual configura un estilo de vida cuyo paradigma sigue siendo, a pesar de la crisis económica y ecológica global, el american way of live.
En todas los paises, incluyendo los en desarrollo, y ahora, en los ex comunistas, de Europa del Este, Rusia y la China, la gente para ser feliz quiere vivir la versión mas seductora del sueño americano, lo que yo he llamado “el modelo California”. En efecto, todo el mundo sueña vivir como un californiano, tener un auto, si se puede dos, comprar una casa nueva con jardín y piscina y vivir en suburbios de moda, pertenecer a un country club y además, con el tiempo, tener una casa de playa o en el campo para los fines de semana.

El Indicador de barbarie

Como todos los pueblos sueñan con vivir un estilo de vida feliz parecido al modelo California, todos los gobiernos lo prometen y lo buscan a través del crecimiento constante del Producto Bruto Interno (PBI). La mala noticia es que el PBI puede crecer pero el planeta no. En efecto, la Tierra le ha dicho no a una urbanización que se expande globalmente, como se expandieron las ciudades de California, plantando cemento, destruyendo tierras agrícolas, con patrones de consumo insostenibles, devorando insaciablemente agua, alimentos, petróleo, haciendo del contaminante motor de explosión el rey del transporte y lanzando a la atmósfera toneladas de C02 y otros gases que están cambiando peligrosamente el clima del planeta.
Si no se hace una drástica reducción de gases, de aquí a 2020, la temperatura de la Tierra subirá más de 2 grados y entonces todos los pobladores de la Tierra, incluyendo los californianos, tendrán que adaptase a vivir entre el último huracán y el siguiente ciclón, a frecuentes lluvias torrenciales y sequías, a la escasez de agua y la caída de la producción agrícola y encarecimiento de los alimentos por el derretimiento de los glaciales, y además, a fuertes y peligrosas inundaciones de grandes ciudades costeras y puertos debido al alza del nivel del mar.
Y, es por toda esta destrucción del medio ambiente, que el crecimiento del PBI, está dejando de ser un índice de felicidad y más bien ahora se le compara con el crecimiento autodestructivo de una célula cancerosa, que termina al final, por destruir el cuerpo donde vive. Sin duda, cuando las futuras generaciones estudien como contabilizamos como desarrollo y felicidad nacional un crecimiento económico que consistía en recalentar la atmósfera, derretir los glaciares, crear escasez de agua, alimentos y subir peligrosamente el nivel de los mares, clasificará al PBI como el más conspicuo indicador de nuestra barbarie.
La segunda mala noticia sobre PBI, como factor de felicidad nacional, es que su crecimiento no necesariamente incrementa suficientemente los ingresos de la mayoría de la población, tal como pasa hoy en el Perú y en casi 134 países en desarrollo, donde la renta per-capita promedio, en los últimos 48 anos (1960-2008), creció tan solo 2,3%, una tasa insuficiente para terminar con la pobreza nacional. Los dos premios noveles de economía Joseph Stiglitz y Paúl Krugman afirman que no existe una relación automática entre el crecimiento del PBI y el crecimiento de los ingresos de las personas. Ambos, ponen como ejemplo a su país, los Estados Unidos, donde el aumento del PBI desde 1990 solo ha favorecido al 10% de su población. De esta misma opinión es Informe World Factbook de la CIA.
Hoy se puede decir que ha comenzado el ocaso del PBI con la búsqueda de nuevos indicadores de felicidad nacional que ponen más énfasis en la calidad de vida que sobre el incremento de la producción y los ingresos. Entre ellos, ha surgido el Indicador de Riqueza Genuino (IRG) que sustrae del PBI los costos ecológicos y los problemas sociales como por ejemplo, la delincuencia, las condiciones caóticas trafico de las ciudades, el abandono de los niños, etc.
También, recientemente se ha creado el Índice del Planeta Feliz (IPF) donde una larga vida sin un impacto nocivo en la ecología del país, seria un índice de felicidad nacional superior al PBI y también al Desarrollo Humano. Por lo pronto, el pequeño Reino de Bhután ya lo está usando con el nombre de “Producto Bruto Nacional de Felicidad.” Por otro lado, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha creado una comisión liderada por el profesor Stiglizt, donde participa otros premios Nobel de economía, para establecer un indicador que mida comparativamente la calidad de la vida entre los países.

Happylogía

Las dudas fundadas sobre el PBI, como medida de felicidad de las naciones ha hecho surgir un tsunami de estudios y encuestas en los Estados Unidos y la Gran Bretaña sobre la felicidad nacional (the happiness of the nations) que están creando una suerte de nueva disciplina, que he llamado happylogía, y que intenta detectar los factores que hacen felices a la personas en los países. Esta happylogía vuelve a confirma que tener ingresos suficientes es importante para ser feliz, pero también lo es la estabilidad familiar, y ahora, sobre todo, la capacidad para adaptarse a la crisis económica.
En realidad la happylogía no se ocupa mucho de los países pobres, donde gran parte de la población está ya “adaptada” a vivir en la pobreza, sino de la población americana, británica y de otros países desarrollados que ha perdido empleos e ingresos, como resultado de la crisis. Según los happylogos americanos, lo que hace infeliz a los nuevos pobres en los Estados Unidos, no es la crisis en si misma, sino la incertidumbre sobre su futuro personal. Para ellos lo que necesitan estos infortunados es información sobre la crisis, ya que una vez que la tienen, les pasa la incertidumbre y comienzan a “adaptarse” y regresan así a los niveles anteriores de felicidad que tenían. Esta es una de las más curiosas conclusiones de los happylogos americanos porque da por hecho que las victimas de Wall Street son masoquistas, se vuelven felices adaptándose a la crisis, es decir, sufriendo.
Lo cierto es que, todos estos estudios y encuestas sobre la felicidad, destacan que la suficiencia o insuficiencia de los ingresos, para consumir más allá de las necesidades básicas, sigue siendo el factor determinante de la felicidad o la infelicidad de las personas y de las naciones. Todo esto demuestra que, en la actual sociedad moderna, la felicidad es adquirir y consumir lo que la publicidad ofrece en el mercado, que no poder hacerlo crea frustración y vuelve infeliz. Y es curioso que, este delirio materialista consumista que caracteriza la moderna sociedad urbana e industrializada, no sea visto como la causa principal de la infelicidad por los happylogos, sino mas bien, por los psicólogos y los psiquiatras.

Afluenza

En efecto, los psicólogos y psiquiatras tienen otra lectura de esta cultura adquisitiva. Ellos consideran que ganar mas para adquirir mas esta generando una neurosis, que el destacado psicólogo británico, Oliver James, llama: Afluenza, cuyo síndrome es un ansiedad permanente por tener mas y mejor, desde inmuebles, autos, pasando por todo tipo de objetos domésticos y personales, hasta mas grandes senos, menos arrugas y inclusive penes mas largos.
Este síndrome adquisitivo, según la psicología y la psiquiatría del consumo, hace que nos identifiquemos por lo que tenemos y por lo que aparentamos. Todo lo cual, termina por crear un vacío espiritual que se manifiesta en neurosis adquisitivas que son, cada vez más corrientes, en las sociedades afluentes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los países en desarrollo, debido a la mala distribución del ingreso, casi no existen enfermos de Afluenza como los países altamente desarrollados, en particular los anglosajones, donde el delirio adquisitivo y la compulsión por el shopping terminan en Prosac.
Todo esto muestra que lograr la felicidad, sobre todo la nacional es muy difícil, inclusive en los paises ricos. Y es por esto que Jean Paul Sastre advertía no buscar la felicidad dentro de grandes grupos, diciendo: “el infierno son los otros.” Y, no le faltaba razón, porque uno puede lograr ser feliz con uno mismo, también con cierto esfuerzo con su pareja, y con mayor dificultad con toda su familia, sobre todo si esta es grande. Pero lograr la felicidad de las naciones, donde hay millones de egos, es casi imposible, porque la felicidad de unos es siempre la infelicidad de otros. Solo tenemos que ver el fútbol y la política para comprobarlo.
Sin embargo, a pesar de esta dificultad en los Estado Unidos se insiste, hoy como nunca, en buscar la felicidad privada y nacional. Desde el año 2008 han proliferado más de 4000 libros sobre la felicidad con títulos como: Authentic Happiness, The Art of Happiness, The Happiness Hypothesis, Happiness Guide to Developing Life’s Most Important Skills, etc. También se organizan miles de seminarios, cursos y ahora estudios en más de 100 universidades. Thomas Jefferson jamás su hubiera imaginado que su hermosa frase: “the pursuit of happiness” provocaría una búsqueda de la felicidad publica que dura mas de dos siglos y todavía es elusiva.
Y ante tal angustiosa persecución cotidiana de la felicidad, yo me pregunto ¿por qué no dejar de buscarla, y mas bien pasar un buen rato todos los días?

1 Este artículo está basado en el próximo libro en inglés del autor: “The Myth of Development, Non viables Economies and the Crisis of Civilization” que se publicará por las editoriales Zedbook y Macmillan Publishers en Londres y Nueva York, respectivamente, en setiembre del 2010.
*Ex embajador del Perú en las Naciones
Unidas. Miembro del Consejo Editorial de
Le Monde diplomatique, edición peruana
Frida Kahlo. El abrazo del amor del universo. 1949

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/m%C3%A1s-de-dos-siglos-buscando-la-felicidad1

9 dic. 2010


Cómo hacer reverdecer el Sahel

por Joost R. Hiltermann
En Nigeria, cerca de la mitad de la población está amenazada por la hambruna; en Chad, la situación es crítica. Las grandes sequías y la reducción de la ayuda internacional explican en parte el desastre actual. Sin embargo, nuevas técnicas agrícolas han transformado ciertos espacios antes semi-desérticos en tierras más productivas. Se trata de experiencias limitadas pero que merecen ser seguidas con atención.

El sol se pone después de otra jornada de calor aplastante en Burkina Faso, África Occidental. Pero aquí, en la explotación de Yacouba Sawadogo, el aire es claramente más fresco. Portando un hacha pequeña sobre el hombro, este cultivador de barba gris recorre sus bosques y sus campos con la facilidad de un hombre mucho más joven.Sawadogo no sabe leer ni escribir pero no por eso deja de ser un pionero en materia de agroforestación, un enfoque basado en la integración de los árboles al sistema de producción agrícola. Esta técnica, que transformó en estos últimos años al Sahel occidental, constituye uno de los ejemplos más prometedores de la manera en que las poblaciones pobres pueden enfrentar el cambio climático.
Vestido con ropa de algodón oscuro y una boina blanca, Sawadogo se sienta cerca de las acacias y de los azufaifos que dan sombra a un cercado que encierra a una veintena de gallinas de Guinea. La parte principal de su explotación de 20 hectáreas, importante según los criterios locales, pertenece desde hace generaciones a su familia. Pero ésta la abandonó después de la terrible sequía de 1972-1984, cuando una disminución del 20% en el promedio de las precipitaciones anuales destruyó la producción de alimentos en el Sahel, transformó vastas extensiones de sabana en desierto y causó centenas de miles de muertos por hambre.
“La gente se encontró en una situación tan catastrófica que tuvo que cambiar su forma de pensar”, relata Sawadogo. Él mismo adecuó una técnica utilizada desde hacía siglos por los campesinos locales a los usos actuales: consiste en cavar zaï –en español, “hoyos”–, agujeros poco profundos, para concentrar las escasas lluvias en las raíces de los cultivos. Con el fin de captar una mayor cantidad de aguas pluviales, aumentó la dimensión de sus hoyos. Pero su mayor innovación fue agregarles estiércol durante la estación seca, una técnica que sus pares consideraron como un despilfarro.
Al concentrar en los hoyos el agua y la fertilidad, aumentó el rendimiento de sus cultivos. Pero no había previsto el resultado más importante: el crecimiento de árboles, provenientes de las semillas contenidas en el estiércol, que aparecieron en medio de sus surcos de mijo y sorgo. Después de varias estaciones se demostró que los árboles, que ya se alzaban a varios pies de altura (1), contribuían a incrementar el rendimiento de los cultivos, al mismo tiempo que fertilizaban el suelo. “Desde que aplico esta técnica de rehabilitación en una tierra degradada, mi familia está protegida de la inseguridad alimentaria, tanto en los años buenos como en los malos”, explica Sawadogo.
Los árboles y la productividad
La técnica agroforestal puesta a punto por Sawadogo ha llegado ya a vastos sectores de Burkina Faso así como a los vecinos Níger y Malí, y ha transformado centenares de miles de hectáreas semidesérticas en tierras más productivas. “Se trata, sin duda, de un cambio ecológico positivo de gran amplitud para el Sahel y tal vez para África en su conjunto”, estima Chris Reij, un geógrafo holandés que trabajó treinta años en la región.
Este método, en términos técnicos, lleva el nombre de “regeneración natural asistida” (RNA). Estudios científicos confirman las múltiples ventajas de la introducción de árboles en los cultivos para autoconsumo, porque protegen a los brotes nuevos del viento, contribuyen a mantener la humedad del suelo y su sombra preserva a los cultivos del calor. Las hojas que caen hacen las veces de capas de paja, aumentando así la fertilidad del suelo y brindando forraje para el ganado. En caso de hambruna, las personas pueden incluso alimentarse con las hojas de algunos árboles. “En el pasado, a veces los campesinos tenían que sembrar sus campos cuatro o cinco veces, porque el viento se llevaba las semillas –explica Reij, que recomienda el RNA con el celo de un misionero–. Los árboles hacen de pantalla y ayudan a fijar el suelo; ya no hace falta sembrar más de una vez”.
El zaï y otras técnicas para recoger las aguas pluviales también contribuyeron a reaprovisionar las napas subterráneas. “En los años 1980, el nivel de las napas freáticas bajaba alrededor de un metro anual –indica Reij–. Ese nivel, a pesar del crecimiento demográfico, aumentó cinco metros desde que se implantaron el RNA y las técnicas de recolección de las aguas.” En algunas zonas, se han medido hasta diecisiete metros de subida de las napas. Y hay estudios que muestran efectos de reaprovisionamiento similares en Níger.
Con el paso del tiempo, Sawagado adquirió una verdadera pasión por los árboles. Su explotación ahora se parece más a un bosque que a tierras de cultivo. “Al comienzo, mezclaba los árboles y los cultivos –nos relata–. Pero he terminado prefiriendo los árboles, porque ofrecen otras ventajas”. Se los puede explotar, tallando y vendiendo sus ramas cada año, sin contar sus efectos benéficos para el suelo, ya que facilitan el crecimiento de nuevos árboles: “Cuanto más árboles se tienen, tanto más importantes son los ingresos”.
Al aumentar su parque forestal, Sawadogo pudo vender madera para hacer fuego, para otros servicios y para construcción. Los árboles también entran en la farmacopea tradicional, lo que no deja de ser una ventaja importante en una región donde la asistencia médica moderna es escasa y onerosa.
Es necesario precisar sin embargo que estos campesinos no plantan árboles, como Wangri Maathai, la laureada militante que ganó el Premio Nobel, y su movimiento Cintura Verde, que incitaron a la población a hacerlo en Kenia; para ellos sería un asunto mucho más oneroso y arriesgado. Estos campesinos no hacen más que administrar y proteger los árboles que brotan espontáneamente. Estudios referidos al Sahel occidental revelan que el 80% de los árboles plantados mueren al cabo de un año o dos. Como contraste, los árboles que brotan naturalmente son especies endémicas, y por lo tanto más resistentes. Y está claro que no cuestan nada.
También en Malí los árboles brotan por todas partes en medio de los cultivos. En la muy pobre aldea de Sokoura, las casas están hechas de ramas recubiertas de barro; no hay agua ni electricidad; los niños llevan ropas sucias y desgarradas y muchos tienen el vientre distendido por la malnutrición. Sin embargo, según dicen los habitantes, la vida mejoró, en gran parte gracias a los árboles.
Oumar Guindo es propietario de seis hectáreas en las que cultiva mijo y sorgo. Hace diez años comenzó a escuchar los consejos de Sahel Eco, una organización anglo-malí que promueve la técnica agroforestal. Su tierra está hoy salpicada de árboles, algunos de hasta cinco metros, y han aumentado los recursos de agua. De vuelta en la aldea, muestra los graneros rectangulares que, como las casas, están hechos de trozos de madera recubiertos de barro. Todos ellos encierran sustanciales provisiones de mijo: la seguridad alimentaria está asegurada hasta la próxima cosecha e incluso por más tiempo. “Antes –dice un campesino–, la mayoría de las familias no disponían de un granero para cada una. Ahora tienen tres o cuatro, aunque sus tierras no son más extensas. También tenemos más ganado.”
Para lograr este resultado, los gobiernos procedieron, por su parte, a tomar decisiones importantes. Salif Guindo (sin ninguna relación con Oumar), un agricultor de la aldea malí de Endé, relata cómo los lugareños resucitaron una antigua asociación de campesinos, denominada Barahogon, que había alentado durante generaciones la gestión de los árboles, hasta que fue abandonada cuando se volvió ilegal cortar madera. El gobierno colonial francés (1898-1960) declaró en un primer momento que todos los árboles eran propiedad del Estado, lo que le permitía vender los derechos de corte a los leñadores. Arreglos del mismo tipo continuaron después de la Independencia. Los campesinos que eran encontrados podando o cortando árboles eran castigados. Debido a eso, arrancaban los brotes para evitarse problemas posteriores. La prosecución de estas prácticas durante varias generaciones desnudó el suelo y lo fue secando cada vez más.
Al comienzo de los años 1990, el gobierno malí, sensible tal vez al hecho de que los campesinos encolerizados por los malos tratos sufridos mataron a agentes forestales, votó una ley otorgando a los agricultores la propiedad de los árboles que se encontraban en sus tierras. Sin embargo, los interesados recién tuvieron conocimiento de la ley cuando Sahel Eco organizó una campaña de información. Después de esa campaña, el RNA se expandió rápidamente. “En Níger –explica Toni Rinaudo, un agrónomo y misionero australiano– recién comenzó después de que las autoridades suspendieron las reglamentaciones que prohibían la tala de árboles porque, para hacer brotar árboles, los agricultores deben tener también el derecho a cortarlos…”.
Un arma económica
El esquema es idéntico en su conjunto en el Sahel occidental: el RNA se propagó principalmente por sí mismo, de cultivador a cultivador y de aldea en aldea, a medida que las personas veían los resultados con sus propios ojos. Gracias a la agroforestación, ahora es posible discernir, a partir de fotos satelitales analizadas por el Instituto de Investigación Geológico de Estados Unidos (US Geological Survey), la frontera entre Níger y Nigeria. Del lado de Níger se descubre una abundante cobertura leñosa; del lado de Nigeria, donde los vastos proyectos de plantación de árboles fracasaron estrepitosamente, el suelo está prácticamente desnudo.
Cuando los promotores del RNA, como Reij y Rinaudo, vieron en 2008 esas imágenes, sufrieron un shock: no se imaginaban que tantos campesinos habían hecho crecer tantos árboles. Al reunir los hechos, puestos en evidencia por las imágenes satelitales y el resultado de encuestas realizadas en el terreno, Reij estimó que sólo en Níger, los agricultores hicieron crecer 200 millones de árboles y rehabilitaron alrededor de 3.125 km2 de tierras degradadas.
Los últimos datos tienden a indicar que las regiones que, al sur del país, practican las técnicas agroforestales, son las que resisten mejor la actual sequía. Reij señala que los árboles también brindan un arma económica para enfrentarla: en 2005, durante la anterior sequía, la madera cortada y vendida les permitió a los campesinos procurarse el dinero para comprar cereales.
El RNA –un saber gratuito–, no supone ninguna dependencia de cualquier ayuda externa. Por eso, explica Reij, es tan diferente del modelo de desarrollo de las Aldeas del Milenio promovido por Jeffrey Sachs, el muy influyente director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia. Este proyecto prevé suministrar a las aldeas lo que se considera como paquetes de servicios integrados necesarios para el desarrollo: semillas y abonos modernos, perforaciones para tener agua propia y clínicas. “Esta visión de una solución al hambre en África es seductora –dice Reij–. El problema es que no funciona. El proyecto de las Aldeas del Milenio requiere una inversión importante en cada aldea, al igual que ayuda externa durante varios años, lo que no parece representar una solución duradera. Resulta difícil creer que el mundo exterior va a suministrar los miles de millones de dólares necesarios para crear decenas de Aldeas del Milenio en África”. Efectivamente, la ayuda extranjera se agotó después de la crisis financiera de 2008.
Sin embargo, los actores externos tienen un papel que cumplir: pueden financiar, a muy bajo costo, la posibilidad de compartir la información que, en su origen, permitió al RNA extenderse con tal eficacia en Sahel occidental. Aunque los campesinos fueron los primeros en dedicarse a hacer valer sus ventajas ante sus pares, recibieron una ayuda muy importante de parte de un puñado de militantes y de ONG como las de Rinaudo, Reij y Sahel Eco. Estos últimos esperan difundir el RNA en otros países africanos, gracias a las “Iniciativas de Reverdecimiento del África”, asegura Reij, que compartió esta idea con el Presidente de Etiopía.
Pero hay medidas que siguen siendo indispensables para tratar de detener el recalentamiento climático que hace del Sahel un lugar tan inhóspito. Porque toda forma de adaptación tiene sus límites: si no se reduce la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera, el aumento de las temperaturas doblegará a las ideas más ingeniosas.


1 Un pie equivale a unos 30 centímetros.

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/c%C3%B3mo-hacer-reverdecer-el-sahel