17 feb. 2011


Ciudades inteligentes

 Castor Ex Machina,  Ciudades inteligentes

Las ciudades modernas en las que vivimos, amamos y odiamos son consustanciales con el industrialismo. Nuestras ciudades funcionan siguiendo los ritmos de la industria: todas las mañanas la masa trabajadora se desplaza hacia sus centros de trabajo, para más tarde emprender regreso a sus hogares. De allí la infame “hora punta”, cuando la masa trabajadora se mueve al unísono de su casa al trabajo, o viceversa.
Sin embargo, a pesar de que nuestras actividades muchas veces ya no son industriales y modernas, seguimos viviendo industrial y modernamente. Con el surgimiento de una economía de la información, muchos de nuestros trabajos no consisten en mover o trabajar con “cosas”, sino que nos dedicamos muchas veces al movimiento y la transformación de información para ganarnos la vida – algo que en los últimos años se ha vuelto mucho más sencillo y eficiente de hacer.
¿Qué necesidad tenemos, de entrar todos a trabajar a la misma hora, o de salir al mismo tiempo? ¿Qué necesidad existe de “ir a la oficina”?. En cada vez más países y organizaciones, los trabajadores están obteniendo la posibilidad de trabajar en horarios o condiciones flexibles – de 11 a 7 en lugar de de 9 a 5, o trabajando uno o dos días por semana desde casa, por ejemplo – porque encuentran que su trabajo no requiere de una estricta presencia física en un horario determinado, y estos pequeños cambios mejoran enormemente su calidad de vida. Por lo mismo, las empresas están encontrando que estos trabajadores, muchas veces, resultan más productivos.
Podemos hoy trabajar de manera más inteligente y ajustarnos mejor a las condiciones de vida que permite la ciudad electrónica. La ciudad puede dejar de ser ese espacio que nos dirige y determina, para ser un espacio que configuramos y utilizamos en función a nuestros propios intereses y necesidades.

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/ciudades-inteligentes

16 feb. 2011

Las palabras en la vida; la vida de los relatos.

Mitologías
Tenemos una relación ambivalente con los mitos y, en general, con la narrativa oral. Por una parte, nos gusta escuchar historias fantásticas que tratan sobre las peripecias de diversos personajes, y les otorgamos una cualidad educativa a los relatos. Por otro lado, queremos cazarlos y desenmarañarlos para equipararlos con la mentira. Y quizás es este último sentido el que prima en nuestros ámbitos cotidianos: el mito y la narrativa oral, como una mera ficción; como falsedad.
Propongámonos tomar una distancia crítica del sentido común y señalemos que el mito es un tipo de lenguaje que, a través de su forma, enuncia una ideas sobre determinados aspectos de la vida social. No busquemos destruir los mitos, sino comprender qué se dice a través de ellos; para quiénes han sido enunciados, y quiénes enuncian ese algo a escudriñar.
El mito es una episteme; una forma de conocimiento. No es, como solemos creer, una mera ficción. Tampoco es un tipo de relato que forma parte de la narrativa oral, pues también puede expresarse a través de la palabra escrita y de imágenes. Es la trama, la urdimbre de una historia que produce una reflexión o una catarsis, puesto que son mímesis de los hombres y su tiempo.
Pues bien, lejos de todo aliento “destructor”, empecemos a comprender y a dar cuenta de los mensajes que son enunciados a través de las distintas narrativas orales, escritas y visuales.
Exploremos las mitologías y pensemos -desde las palabras, las imágenes y el cuerpo- los relatos que abordan temas medulares de nuestras vidas: el tiempo, el espacio, la persona, lo político, la otredad, la mismidad, el amor, la violencia, la vida y la muerte. Como dijera Heidegger a propósito de un poema de Stefan George: que no sea donde falta la palabra.
Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/las-palabras-en-la-vida-la-vida-de-los-relatos