6 ago. 2010

En el corazón de un giro planetario

Por André Bellon
Debilitamiento del mundo unipolar
 
Aquello que algo apresuradamente resumieron con la palabra “globalización” o el término muy ideológico de “mundialización” fue en realidad mucho más contradictorio de lo que creen sus chantres. Éstos quisieron imponer una lectura apologética de la historia contemporánea, olvidando o despreciando el pasado, ignorando las líneas de oposición que afectaban el período, minimizando o presentando como arcaico cualquier cuestionamiento al nuevo orden. 
Sin embargo, otra interpretación es posible. Robert Bonnaud, analista de los giros históricos, explica: “Durante el siglo XX, la historia se descentró, se desoccidentalizó. La expansión e incluso la innovación estaban mucho mejor distribuidas. Estaban... porque a partir los años 70 y 80, la situación evolucionó en sentido inverso… ¿Se trata, para las tres cuartas partes de la humanidad, del fin de la historia?” (1). De hecho, la invención del discurso sobre la globalización tuvo como principal función legitimar la dominación financiera occidental, bajo el manto de un amable y natural mundialismo.
Un doble desconocimiento se encuentra en el corazón de este discurso: por un lado, la actual globalidad no es en esencia sino la globalidad muy coyuntural de las cuestiones financieras; por el otro, la unidad planetaria de los fenómenos históricos no es una novedad. Hace ya un siglo y medio, el historiador y filósofo francoitaliano Joseph Ferrari escribía: “En mi Historia de las revoluciones de Italia, mostré cómo los más diversos Estados iban por el mismo camino, sin saberlo… (Intento confirmar) estas generalizaciones explicando el mundo a través de China” (2). Toda época sería así una suerte de mundialización o, más precisamente, de mundialidad. La única cuestión sería saber entonces cuáles son los fenómenos mundiales dominantes, y a quiénes benefician.
De un modo bastante iconoclasta, el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) planteó en 2008 la cuestión central: “¿La mundialización es un factor de paz? Algunas conclusiones explican tanto las actuales relaciones como los conflictos pasados: “Cuanto más abiertos son los países al comercio internacional, mayor es su conflictividad. El comercio bilateral entre dos países disminuye la probabilidad de una futura guerra entre esos dos países. El comercio total multilateral entre esos dos países y el resto del mundo aumenta la probabilidad de una futura guerra entre ellos. No existe una relación clara y evidente entre comercio mundial y prevalencia de conflictos (1870-2001)” (3).
 
El debilitamiento del mundo unipolar a fines del siglo pasado y la aparición en la escena comercial de nuevos países demográficamente dinámicos (Brasil, China, India, Sudáfrica…) acentúan hoy los enfrentamientos tanto más cuanto que el neoliberalismo transforma los bienes esenciales en recursos escasos: agua, tierras cultivables, hidrocarburos, etc.
Desde luego, la solidez y la preeminencia de los intereses occidentales pudieron alimentar las ilusiones respecto de un relativo equilibrio del mundo. Los intercambios transatlánticos continúan siendo el principal motor de las relaciones comerciales internacionales, y la potencia estadounidense parece garantizar cierta estabilidad. Pero el mundo unipolar surgido de los años 90 reveló contradicciones hasta entonces ocultas.
Los sucesivos planes de reactivación pusieron en evidencia la inestabilidad de la economía estadounidense. Desde 2003 y su intervención en Irak, Estados Unidos, debilitado, vive el fracaso del hard power militar. Los recursos presupuestarios ya no pueden responder a la situación y las mismas fuerzas armadas sufren una suerte de crisis; el equipamiento de la US Air Force, la Navy y los marines es cada vez más viejo y el costo de mantenimiento más alto. Aparentemente, la “política del garrote” ha dejado de ser realista, aun cuando no haya que descartar una intervención en Irán, ya sea directa o a través de Israel; además, los regímenes que servían de relevos locales, como el de Egipto o Argelia, parecen debilitarse. 
La tradicional alianza transatlántica parece profundamente sacudida, e incluso el comercio, garante teórico de buenas relaciones, está decayendo. Así, el Consejo Económico y Social francés comprueba: “Las diferencias comerciales que enfrentan en particular a Estados Unidos con la Unión Europea se caracterizan cada vez más por la no implementación de las decisiones arbitrales del órgano de resolución de diferendos de la Organización Mundial del Comercio” (4). Lo que lleva a preguntarse por una armonía hasta entonces presentada como históricamente evidente. “Estados Unidos y Europa, ¿pertenecen hoy a dos mundos diferentes? El debate sobre el vínculo transatlántico suele derivar en un debate sobre la perennidad de la comunidad de valores entre ambos continentes” (5), observaba en 2005 Axel Poniatowski en un informe de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional” (6).
Europa misma, pese al gran avance en el crecimiento de su mercado único, es objeto de fuerzas centrífugas. Si bien un aumento muy sensible del comercio interior acompañó la formación de la Unión hasta 1990, el crecimiento del comercio intracomunitario es actualmente, a pesar de su ampliación a 27 miembros, menos sostenido que el de las exportaciones destinadas a países que no forman parte de la Unión Europea. Incluso el comercio en el seno de la zona euro disminuyó notablemente (7).
 
Paralelamente, las relaciones políticas internas en la Unión cambiaron profundamente. Desde la caída del Muro de Berlín en 1989 y la ampliación de la Unión en 2004 a países de Europa del Este, Alemania se encuentra en el centro geoestratégico del Viejo Continente. Símbolo de su importancia: integra el grupo de contacto sobre la cuestión nuclear en Irán (8). La Corte Constitucional alemana de Karlsruhe le dio a esta situación un sentido jurídico al aceptar el Tratado de Lisboa, reservándose medidas destinadas a “asegurar la efectividad del derecho de voto y preservar la autodeterminación democrática” (9), afirmando a la vez la existencia y la perennidad del pueblo alemán, así como la inexistencia del pueblo europeo.
La Unión Europea vive de hecho entre una aparente profundización de su cohesión y el desarrollo de sus contradicciones internas. Así, en el mismo momento en que los dirigentes europeos fuerzan el nacimiento de un Tratado de Lisboa –hijo de los años 90–, Joschka Fischer, ex ministro alemán de Relaciones Exteriores, anuncia el final de época declarando: “Hoy ya no introduciríamos el euro. Nos volvimos gaullistas... Vemos cada vez más a Europa como un medio, no como un proyecto” (10). 
Todos estos acontecimientos permiten percibir reequilibrios y pensar que la Unión Europea, un duopolio Estados Unidos / China y una transformación del G8 en G20 posibilitarán gestionar el mundo sin cuestionar la “buena gobernanza”. Pero el mundo se encuentra a la vez en un intento por mantener esta estabilidad y en una dispersión que la contradice.
Un rompecabezas de alianzas de geometría variable caracteriza la oscilación entre un antiguo equilibrio y otro en construcción. Frente a la globalización financiera, regresan las estrategias nacionales, un patriotismo económico y social como en Alemania o Rusia, e incluso una dimensión más contestataria del orden global en América Latina.
Los grupos de Estados ligados por acuerdos oficiales se multiplican: paralelamente a la Unión Europea, se celebraron el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), el Mercado Común del Sur (MERCOSUR), la Asociación de Naciones del Sureste Asiático (ASEAN). China es hoy el primer socio comercial de Japón, y este último realiza la mitad de sus intercambios externos con la región que se extiende de Corea del Sur y China a Australia. Al mismo tiempo, el grupo compuesto por Brasil, Rusia, India y China (BRIC) reivindica oficialmente un nuevo equilibrio internacional; se estima que “su peso total en la economía aumentará del 10% en 2004 a más del 20% en 2025” (11).
Estas nuevas solidaridades sostienen y critican a la vez el orden dominante, tal como lo muestran los fracasos de la Ronda de Doha sobre el comercio y la Cumbre de Copenhague sobre el clima. De manera más radical, surgen nacionalismos económicos que se oponen a este mismo orden. Así, la Organización de Cooperación de Shangai (OCS) (12) exhibe, desde luego, objetivos económicos, pero adquiere un aspecto muy político organizando ejercicios militares ruso-chinos que simulan lo que se parece a un desembarco en Taiwán.
En otro continente, la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) agrupa a países de América Latina y el Caribe que se oponen a la tradicional dominación estadounidense. Afirmando el principio de la soberanía popular, cuestionan la dominación del dólar con la creación del Sistema Único de Compensación Regional (SUCRE), moneda común adoptada el 16 de abril de 2009. El nacimiento de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) marcó en particular la toma de autonomía de Brasil.
En el nuevo “mundo multipolar”, los mismos actores pueden ser a la vez aliados y opositores. Así, Rusia y China –ambos miembros del BRIC y el Grupo de Shangai– aceptan el discurso antiterrorista de Washington… manteniendo lazos con Teherán. Pekín, que garantiza el dólar con sus compras de bonos del Tesoro estadounidense, menciona reiteradamente la posibilidad de una moneda asiática, y la vinculación del yuan al dólar. Brasilia mantiene buenas relaciones con Washington, pero también con La Habana, y apoya el acceso de Teherán a la energía nuclear para uso civil. Luchando en su país contra la jerarquía católica, en nombre de la laicidad, el presidente venezolano Hugo Chávez expresa su apoyo al régimen teocrático de Mahmud Ahmadineyad. Gran amigo del jefe de Estado Luiz Inácio Lula da Silva, el boliviano Evo Morales cuestiona el papel del G20… en el cual Brasil desempeña un rol importante.
Tratando de reaccionar contra la voluntad de emancipación, las fuerzas conservadoras apoyan el golpe de Estado en Honduras, amenazan a Venezuela o se alegran del retorno de la derecha en Chile. Las ilusiones se multiplican respecto de una mundialización más moral, más social o ecológica y más equilibrada. Si bien el orden existente dispone de medios para perdurar, la crisis ideológica del mundialismo y su epicentro Estados Unidos debilitan la confianza de la que aún goza; la crisis financiera desatada en 2008 lo ha demostrado.
Las alianzas nuevas o potenciales que reflejan la búsqueda de un nuevo paradigma son demasiadas como para que se las pueda considerar marginales. El historiador y cronista William Pfaff, especialista en política exterior estadounidense, establece un paralelo entre el triunfo de la oposición socialdemócrata en Japón, la elección de Obama en Estados Unidos y el debate desarrollado en el Reino Unido sobre el futuro de las relaciones transatlánticas (13). A esta lista pueden sumarse muchos posicionamientos nuevos tales como la evolución de la diplomacia alemana, los nuevos contactos entre Rusia y Polonia, las reorientaciones estratégicas de Turquía (14)… Así se perfila, según Joseph Ferrari, una nueva mundialidad, es decir, un vínculo objetivo entre actores aparentemente dispersos.


1  Robert Bonnaud, Y a-t-il des tournants historiques mondiaux?, Kimé, París, 1992.
2  Joseph Ferrari, La Chine et l’Europe. Leur histoire et leurs traditions comparées, Librairie académique, París,1867.
3  CNRS, Instituto de Ciencias Humanas y Sociales, 14-4-08. 
4  Consejo Económico y Social, Dictamen del 24 de marzo de 2004 a partir del informe de Michel Frank, París.
5  El abandono del escudo antimisiles puede analizarse también como un interés menos prioritario de Estados Unidos respecto de Europa.
6  Informe 2.567 del 11-10-05.
7  La parte del comercio exterior intrarregional de los 15 representó hasta el 66% en 1990; era del 61% en 2004. Dentro de la zona euro, este indicador pasó del 55% en 1990 al 51% en 2004.
8  Este grupo está integrado por los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, todos ellos potencias nucleares, más Alemania.
9  Fallo del 30 de junio de 2009 sobre la constitucionalidad del Tratado de Lisboa.
10  Citado por Arnaud Leparmentier en Le Monde, 16-7-09.
11  “BRIC II et la croissance Big-Bang”, Rediff.com, 10-11-04.
12  La OCS, también llamada Pacto de Shangai, agrupa a Rusia, China y varios países de Asia Central.
13  “Notes sur une tentative de révolte”, 5-9-09, www.dedefensa.org.
14  Wendy Kristianasen, “El mundo visto desde Ankara”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, febrero de 2010.

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/en-el-coraz%C3%B3n-de-un-giro-planetario

5 ago. 2010

Lucha por el “espacio atmosférico”

Por Tony Phillips
Cambio climático, ALBA y combustibles fósiles
 
La extracción de petróleo y de gas –cuyo empleo es una de las mayores causas de emisión de gases de efecto invernadero– resulta un factor fundamental de las economías de Venezuela, Bolivia y Ecuador. Sin embargo, la declaración resultante de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra (Cochabamba, abril de 2010) de la que estos países fueron protagonistas no hace mención de los combustibles fósiles.
 En diciembre de 2009, el mundo esperaba que la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático celebrada en Copenhague (COP-15) proporcionara un principio de solución al calentamiento planetario (1). Pero como era previsible, Copenhague resultó un fracaso; sólo a último momento, los países desarrollados ofrecieron un trato, el mal llamado “Acuerdo de Copenhague”: fijar el tope del incremento de la temperatura promedio del planeta en 2ºC y el del contenido de carbono de la atmósfera en 450 ppm, a pesar de que los especialistas en temas climáticos de esos mismos países afirman que aun si se lograra alcanzar ese tope, la probabilidad de evitar que el calentamiento global aumente desenfrenadamente es de tan sólo el 50%. 
Por esa razón, las conclusiones de la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra (CMPCC) convocada por el presidente de Bolivia, Evo Morales, y celebrada en Cochabamba del 19 al 22 de abril de 2010, llaman a “reconocer la necesidad de establecer un límite adecuado al calentamiento global y que (...) existe una probabilidad del 50% de que el daño provocado a la Madre Tierra sea totalmente irreversible”. Como señaló Pablo Solón, embajador de Bolivia ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y organizador de la CMPCC: “¿Quién mandaría a su propia hija en un avión que no tiene más que un 50% de probabilidades de aterrizar? Nadie” (2). En las propuestas de Bolivia y de los países miembros de la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (ALBA) se solicita un abordaje más conservador y holístico. Bolivia ya está sufriendo los efectos del cambio climático, especialmente sequías provocadas por el deshielo de los glaciares. 

Intereses contrapuestos


La fuente primaria de los gases de efecto invernadero son los combustibles fósiles: carbón, petróleo y gas. Si bien no existen grandes consumidores ni exportadores de carbón en América Latina, el petróleo es una de las principales industrias orientadas a la exportación en las naciones andinas que integran el ALBA. América Latina, en conjunto, es exportadora neta de recursos energéticos. Según la Agencia Internacional de Energía (IEA, por su sigla en inglés), en 2007 América Latina produjo 705 millones de toneladas de equivalente de petróleo (3) y exportó 136, de los cuales a Venezuela le correspondieron 184 y 119 respectivamente. Esta cifra, sin embargo, no incluye las exportaciones virtuales de energía utilizada por la minería, la fundición, la industria y la agricultura industrial de la región para la elaboración de productos de exportación. Pero mientras algunos países del ALBA son importantes productores de petróleo, sus niveles de emisiones de CO2 son bajos. 
La explotación de combustibles fósiles plantea entonces una interesante paradoja y un posible conflicto de intereses para los protagonistas del CMPCC miembros del ALBA. Situación que prácticamente no se mencionó en Cochabamba, aunque el 22 de abril, la ministra de Ecuador María Fernanda Espinoza hizo referencia en una conferencia de prensa a una propuesta de gravar el petróleo. En Venezuela y Bolivia, el foco está puesto en la nacionalización de la extracción de petróleo; en Ecuador, en cambio, el foco también está en el cambio climático. La iniciativa Yasuní-ITT, por ejemplo, constituye una innovación: se propone evitar la explotación de reservas de petróleo comprobadas existentes en el subsuelo del Parque Nacional Yasuní. El gobierno de Ecuador buscó financiación y Alemania ha prometido aportar fondos.

 

En ese sentido, en la conferencia de prensa que ofreció en la CMPCC, la ministra Espinoza se refirió al anuncio efectuado por el gobierno de Barack Obama respecto de que suspendería la ayuda prometida de 3 millones de dólares a Bolivia y de 2,5 millones de dólares a Ecuador. Los gobiernos de los dos países latinoamericanos interpretaron esa decisión como una acción punitiva por no suscribir el Acuerdo de Copenhague. En respuesta, la ministra ecuatoriana –experta en políticas ecológicas– anunció irónicamente que “Ecuador le daría a Estados Unidos 2,5 millones de dólares si ese país ratifica el Protocolo de Kyoto”.
El sacerdote Miguel D’Escoto, ex presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas, estuvo presente en Cochabamba. Allí, calificó a la CMPCC como “una verdadera inspiración” y “una respuesta a la farsa de Copenhague”. Ademas agregó que no esperaba demasiado de la ONU: “No quiero ser cínico, pero (…) ya no es posible reformar ni emparchar Naciones Unidas, es la organización más importante del mundo con potestad para ayudar a salvar a la especie humana y la Madre Tierra, pero para ello es necesario reinventarla”. 
El Presidente de Bolivia considera, por su parte, que aún debe darse una última oportunidad a Naciones Unidas. El 7 de mayo de 2010, Morales elevó el documento final de la CMPCC a la Secretaría General de Naciones Unidas. que lidera Ban Ki-moon. Éste expresó su satisfacción a Morales respecto de que se hubieran presentado las conclusiones de Cochabamba ante CMNUCC “el único foro universal donde todas las naciones y los pueblos se reúnen para resolver cuestiones climáticas” (4). No obstante Morales advirtió: “Si [el encuentro COP-16 de noviembre de 2010 que se celebrará en] Cancún es como el de Copenhague, Naciones Unidas perderá su autoridad moral frente a los pueblos del mundo”.

Petróleo bueno, petróleo malo


Para que la cumbre COP-16 que habrá de celebrarse en México resulte fructífera, será necesario abordar el tema de la mitigación mediante una combinación de reducción y/o eliminación de gases de efecto invernadero. América Latina tiene un rol clave que cumplir en ambas actividades, en particular a través de mejoras en el uso de la tierra para la agricultura y la silvicultura. Es probable asimismo que Venezuela sea el país latinoamericano que tenga más que perder si reducir las emisiones significa prohibir la explotación del petróleo no convencional.
Los yacimientos de petróleo varían en lo que respecta a la facilidad de acceso y la calidad del mismo, que puede ser convencional o no convencional. El derrame de petróleo ocurrido en el Golfo de México en abril de 2010 y los nuevos yacimientos frente a la costa de Brasil son ambos ejemplos de yacimientos marítimos de difícil acceso. Los que se descubrieron recientemente frente a las costas del sur de Brasil se encuentran situados a profundidades cercanas a los 7 kilómetros. Si bien las consideraciones vinculadas con el cambio climático ponen en cuestión la lógica de explotar yacimientos que entrañan semejante nivel de costos y riesgos, ni el gobierno de Estados Unidos ni el de Brasil tienen previsto suspender la extracción en aguas profundas.
En el caso de Venezuela, la clasificación del petróleo en convencional y no convencional podría revestir suma importancia. Las reservas de petróleo no convencional más grandes del mundo “[...] son las de petróleo extra pesado de la provincia de Orinoco, en Venezuela, y las [...] arenas bituminosas de la Cuenca Occidental del Canadá. Considerados en conjunto, estos recursos del hemisferio occidental son aproximadamente iguales a las reservas identificadas de petróleo crudo convencional de Medio Oriente” (4). Ambos países, por tanto, cuentan con reservas significativas desde el punto de vista estratégico pero contaminantes desde el punto de vista ambiental (5). En tiempos de cambio climático, el hecho de que Venezuela se encuentre situada sobre reservas de crudo no convencional de semejante magnitud seguramente será motivo de preocupación para el presidente Hugo Chávez.
Tanto en el caso de Canadá como en el de Venezuela, la decisión de explotar el crudo no convencional situaría a ambas naciones a la par de los proveedores de petróleo más poderosos del mundo: tal decisión podría significar tanto el auge económico como un desastre natural y, en relación con el cambio climático, la gota que derrame el vaso. Quizás, la pregunta concreta de los gobiernos canadiense y venezolano sea quién habrá de pagarles para que no exploten sus reservas de petróleo no convencional, pero debe recordarse que Venezuela no es un país desarrollado, mientras que Canadá sí lo es.  

Justicia climática


En su discurso ante Naciones Unidas, el presidente Evo Morales afirmó: “Los países desarrollados deben descolonizar la atmósfera para posibilitar una equitativa distribución del espacio atmosférico entre todos los países, según su población”. La “equitativa distribución del espacio atmosférico”, expresión perteneciente a la jerga del cambio climático, remite al derecho a desarrollarse a pesar de que implique contaminar. De acuerdo con la teoría de la justicia climática, el derecho a contaminar también se ve cercenado por la deuda climática histórica: quienes han agotado su espacio atmosférico son los países que históricamente fueron los mayores contaminantes. En consecuencia, naciones como Bolivia, cuya responsabilidad histórica es ínfima, deberían contar con un mayor “espacio atmosférico”. 
La lucha por el “espacio atmosférico” en el seno de Naciones Unidas podría ser un factor decisivo en lo que respecta a determinar si habrá de permitirse que Venezuela explote sus reservas de crudo no convencional en el marco del acuerdo petrolero por 16.000 millones de dólares que acaba de firmar ese país con China para explotar las reservas del Orinoco en forma conjunta; según lo establecido en el convenio, la producción se iniciaría en 2012 (6).



1  Véase el dossier “Ultimátum a la Tierra”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, diciembre de 2009. 
2  Pablo Solón, “Climate headed for crash landing”, The Huffington Post, Nueva York, 8-12-09 (www.huffingtonpost.com). 
3  Véase OECD/IEA, Key World Energy Statistics 2009 (www.iea.org/textbase/nppdf/free/2009/key_stats_2009.pdf).
4  www.onepetro.org/mslib/servlet/onepetropreview? id=WPC-26188 
5  Véase “Incluso caro, el petróleo no es bueno para la ecología”, en El Atlas III de Le Monde diplomatique, Buenos Aires, 2009.
6  http://eleconomista.com.mx/industria-global/2010/04/19/china-venezuela-van-extensas-reservas-crudo-orinoco.

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_http://www.eldiplo.com.pe/lucha-por-el-espacio-atmosferico