13 dic. 2010


La corrupción de la democracia

por Ignacio Ramonet

 Malversación de fondos, manipulación de contratos públicos, fraude fiscal, blanqueo de capitales ilícitos… En la era de la globalización neoliberal, la corrupción ha alcanzado, a escala internacional, una dimensión estructural. En el actual marco de crisis, se corre el peligro de que la “armonía mafiosa” que rige en las principales fuerzas políticas acabe con la democracia y permita
el ascenso de la extrema derecha.
El “caso Bettencourt” que zarandea a Francia con su vendaval de arrestos, odios familiares, cheques ocultos, grabaciones furtivas, fechorías fiscales y donaciones ilegales al partido del presidente Nicolas Sarkozy está hundiendo al país en una profunda crisis moral.
Liliane Bettencourt, una de las mujeres más ricas del planeta, poseedora de una fortuna de 17.000 millones de euros y propietaria del imperio de cosméticos y perfumes L’Oréal, está en el epicentro de un alucinante culebrón devenido asunto de Estado. Unas conversaciones robadas en su domicilio revelaron que el ministro del Trabajo, Eric Woerth, usó de su influencia (cuando era ministro del Presupuesto, y por consiguiente responsable de la administración fiscal) para obtener que su esposa, Florence, fuese contratada por la multimillonaria –con un salario anual de 200.000 euros– para administrar su fortuna... De paso, Eric Woerth, que también era tesorero del partido del Presidente, percibió presuntamente donaciones de decenas de miles de euros (1) para financiar la campaña electoral de Sarkozy... A cambio, se sospecha que el ministro hizo la vista gorda sobre una parte del patrimonio oculto de la dueña de L’Oréal: por ejemplo, varias cuentas millonarias en Suiza y una isla en las Seychelles valorada en unos 500 millones de euros...


Este asunto, de por sí bochornoso, adquiere mayor morbo en la medida en que Eric Woerth es el encargado de conducir la dura reforma de las jubilaciones que castigará a millones de asalariados modestos. En un ambiente de fuertes tensiones sociales y de motines de desclasados en los ghettos urbanos, el “caso Bettencourt” está reactivando el viejo litigio entre las élites y el pueblo común. Según el filósofo Marcel Gauchet, “hoy en la sociedad se respira un clima de revuelta latente y se percibe un sentimiento de distancia radical hacia los cuadros dirigentes” (2).
Francia no es la única democracia carcomida por la corrupción de algunos políticos y por la permamente confusión que muchos de ellos mantienen entre cargos públicos y beneficios privados.
Está aún fresco en las memorias el escándalo de los abusos de los gastos parlamentarios a expensas de los contribuyentes ocurrido en el Reino Unido y que, junto con otras causas, provocó el descalabro de los laboristas en las elecciones del 6 de mayo pasado. O el de la Italia de Silvio Berlusconi en donde, casi veinte años después de la operación “mani pulite” que decapitó a gran parte de la clase política, la corrupción, a modo de metástasis, vuelve a extenderse ante la impotencia de una izquierda paralizada y sin ideas. El Tribunal de Cuentas italiano, en su último informe, establece que los delitos de corrupción activa de los funcionarios públicos aumentaron el año pasado en más de un 150% (3).
Y qué decir de España, agobiada por los múltiples casos de corrupción de cargos públicos asociados a los “señores del ladrillo” enriquecidos por las delirantes políticas urbanísticas. Sin hablar del esperpéntico “caso Gürtel” que sigue coleando.
A escala internacional, la corrupción alcanza hoy, en la era de la globalización neoliberal, una dimensión estructural. Su práctica se ha banalizado igual que otras formas de la criminalidad corruptora: malversación de fondos, manipulación de contratos públicos, abuso de bienes sociales, creación y financiación de empleos ficticios, fraude fiscal, blanqueo de capitales procedentes de actividades ilícitas, etc. Se confirma así que la corrupción es un pilar fundamental del capitalismo.
El ensayista Moisés Naím afirma que, en los próximos decenios, “las actividades de las redes ilícitas del tráfico global y sus socios del mundo ‘legítimo’, ya sea gubernamental o privado, tendrán muchísimo más impacto en las relaciones internacionales, las estrategias de desarrollo económico, la promoción de la democracia, los negocios, las finanzas, las migraciones, la seguridad global; en fin, en la guerra y la paz, que lo que hasta ahora ha sido comúnmente imaginado“ (4).
Según el Banco Mundial, los flujos de dinero procedentes de la corrupción, de actividades delictivas y de la evasión fiscal hacia los paraísos fiscales alcanza la astronómica suma de 1,6 billones de euros anuales en todo el planeta... De ese monto, unos 250.000 millones corresponden al fraude fiscal cometido anualmente en la sola Unión Europea. Reinyectados en la economía legal, esos millones permitirían evitar los actuales planes de austeridad y ajuste que tantos estragos sociales están causando.
Ningún dirigente debe olvidar que la democracia es esencialmente un proyecto ético, basado en la virtud y en un sistema de valores sociales y morales que dan sentido al ejercicio del poder. En su libro póstumo, de indispensable lectura, José Vidal-Beneyto afirma que cuando en una democracia, “las principales fuerzas políticas, en plena armonía mafiosa, se ponen de acuerdo para timar a los ciudadanos” se produce un descrédito de la democracia, una repulsa de la política, un aumento de la abstención y, más peligroso, una subida de la extrema derecha (5). Y concluye: “El gobierno se corrompe por la corrupción, y cuando hay corrupción en la democracia, la corrompida es la democracia”.


1 En Francia, la ley de financiamiento de los partidos políticos del 11-4-03, limita las donaciones de las personas físicas a 7.500 euros por año.
2 Le Monde, París, 18-7-10.
3 Clarín, Buenos Aires, 17-2-10.
4 Moisés Naím, Ilícito, Debate, Madrid, 2006.
5 José Vidal-Beneyto, La corrupción de la democracia, Catarata, Madrid, 2010.


Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/la-corrupci%C3%B3n-de-la-democracia

11 dic. 2010


Más de dos siglos buscando la felicidad1

por Oswaldo de Rivero


En 1776 la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos proclamó que un derecho inalienable del hombre es la búsqueda de la felicidad (the pursuit of happines). Durante mas de dos siglos esta búsqueda, se puede decir, que ha sido personal, pero desde hace unos años, se ha desarrollando por el mundo una creciente búsqueda de felicidad nacional, tan ansiosa, que tiene ya visos de irracionalidad.
Hoy están de moda los estudios y las encuestas sobre la felicidad nacional. Según los resultados de ellos, los ciudadanos de los países encuestados consideran que el factor más importante que les da felicidad es el goce de suficientes ingresos para satisfacer necesidades, que van mucho más allá de la satisfacción de sus necesidades básicas, como la alimentación, la vivienda o la salud. Se puede decir, que después de dos siglos, la felicidad en los paises se busca hoy a través del aumento de los ingresos personales para adquirir y consumir las nuevas necesidades creadas por el mercado y la publicidad. Todo lo cual configura un estilo de vida cuyo paradigma sigue siendo, a pesar de la crisis económica y ecológica global, el american way of live.
En todas los paises, incluyendo los en desarrollo, y ahora, en los ex comunistas, de Europa del Este, Rusia y la China, la gente para ser feliz quiere vivir la versión mas seductora del sueño americano, lo que yo he llamado “el modelo California”. En efecto, todo el mundo sueña vivir como un californiano, tener un auto, si se puede dos, comprar una casa nueva con jardín y piscina y vivir en suburbios de moda, pertenecer a un country club y además, con el tiempo, tener una casa de playa o en el campo para los fines de semana.

El Indicador de barbarie

Como todos los pueblos sueñan con vivir un estilo de vida feliz parecido al modelo California, todos los gobiernos lo prometen y lo buscan a través del crecimiento constante del Producto Bruto Interno (PBI). La mala noticia es que el PBI puede crecer pero el planeta no. En efecto, la Tierra le ha dicho no a una urbanización que se expande globalmente, como se expandieron las ciudades de California, plantando cemento, destruyendo tierras agrícolas, con patrones de consumo insostenibles, devorando insaciablemente agua, alimentos, petróleo, haciendo del contaminante motor de explosión el rey del transporte y lanzando a la atmósfera toneladas de C02 y otros gases que están cambiando peligrosamente el clima del planeta.
Si no se hace una drástica reducción de gases, de aquí a 2020, la temperatura de la Tierra subirá más de 2 grados y entonces todos los pobladores de la Tierra, incluyendo los californianos, tendrán que adaptase a vivir entre el último huracán y el siguiente ciclón, a frecuentes lluvias torrenciales y sequías, a la escasez de agua y la caída de la producción agrícola y encarecimiento de los alimentos por el derretimiento de los glaciales, y además, a fuertes y peligrosas inundaciones de grandes ciudades costeras y puertos debido al alza del nivel del mar.
Y, es por toda esta destrucción del medio ambiente, que el crecimiento del PBI, está dejando de ser un índice de felicidad y más bien ahora se le compara con el crecimiento autodestructivo de una célula cancerosa, que termina al final, por destruir el cuerpo donde vive. Sin duda, cuando las futuras generaciones estudien como contabilizamos como desarrollo y felicidad nacional un crecimiento económico que consistía en recalentar la atmósfera, derretir los glaciares, crear escasez de agua, alimentos y subir peligrosamente el nivel de los mares, clasificará al PBI como el más conspicuo indicador de nuestra barbarie.
La segunda mala noticia sobre PBI, como factor de felicidad nacional, es que su crecimiento no necesariamente incrementa suficientemente los ingresos de la mayoría de la población, tal como pasa hoy en el Perú y en casi 134 países en desarrollo, donde la renta per-capita promedio, en los últimos 48 anos (1960-2008), creció tan solo 2,3%, una tasa insuficiente para terminar con la pobreza nacional. Los dos premios noveles de economía Joseph Stiglitz y Paúl Krugman afirman que no existe una relación automática entre el crecimiento del PBI y el crecimiento de los ingresos de las personas. Ambos, ponen como ejemplo a su país, los Estados Unidos, donde el aumento del PBI desde 1990 solo ha favorecido al 10% de su población. De esta misma opinión es Informe World Factbook de la CIA.
Hoy se puede decir que ha comenzado el ocaso del PBI con la búsqueda de nuevos indicadores de felicidad nacional que ponen más énfasis en la calidad de vida que sobre el incremento de la producción y los ingresos. Entre ellos, ha surgido el Indicador de Riqueza Genuino (IRG) que sustrae del PBI los costos ecológicos y los problemas sociales como por ejemplo, la delincuencia, las condiciones caóticas trafico de las ciudades, el abandono de los niños, etc.
También, recientemente se ha creado el Índice del Planeta Feliz (IPF) donde una larga vida sin un impacto nocivo en la ecología del país, seria un índice de felicidad nacional superior al PBI y también al Desarrollo Humano. Por lo pronto, el pequeño Reino de Bhután ya lo está usando con el nombre de “Producto Bruto Nacional de Felicidad.” Por otro lado, el presidente de Francia, Nicolas Sarkozy, ha creado una comisión liderada por el profesor Stiglizt, donde participa otros premios Nobel de economía, para establecer un indicador que mida comparativamente la calidad de la vida entre los países.

Happylogía

Las dudas fundadas sobre el PBI, como medida de felicidad de las naciones ha hecho surgir un tsunami de estudios y encuestas en los Estados Unidos y la Gran Bretaña sobre la felicidad nacional (the happiness of the nations) que están creando una suerte de nueva disciplina, que he llamado happylogía, y que intenta detectar los factores que hacen felices a la personas en los países. Esta happylogía vuelve a confirma que tener ingresos suficientes es importante para ser feliz, pero también lo es la estabilidad familiar, y ahora, sobre todo, la capacidad para adaptarse a la crisis económica.
En realidad la happylogía no se ocupa mucho de los países pobres, donde gran parte de la población está ya “adaptada” a vivir en la pobreza, sino de la población americana, británica y de otros países desarrollados que ha perdido empleos e ingresos, como resultado de la crisis. Según los happylogos americanos, lo que hace infeliz a los nuevos pobres en los Estados Unidos, no es la crisis en si misma, sino la incertidumbre sobre su futuro personal. Para ellos lo que necesitan estos infortunados es información sobre la crisis, ya que una vez que la tienen, les pasa la incertidumbre y comienzan a “adaptarse” y regresan así a los niveles anteriores de felicidad que tenían. Esta es una de las más curiosas conclusiones de los happylogos americanos porque da por hecho que las victimas de Wall Street son masoquistas, se vuelven felices adaptándose a la crisis, es decir, sufriendo.
Lo cierto es que, todos estos estudios y encuestas sobre la felicidad, destacan que la suficiencia o insuficiencia de los ingresos, para consumir más allá de las necesidades básicas, sigue siendo el factor determinante de la felicidad o la infelicidad de las personas y de las naciones. Todo esto demuestra que, en la actual sociedad moderna, la felicidad es adquirir y consumir lo que la publicidad ofrece en el mercado, que no poder hacerlo crea frustración y vuelve infeliz. Y es curioso que, este delirio materialista consumista que caracteriza la moderna sociedad urbana e industrializada, no sea visto como la causa principal de la infelicidad por los happylogos, sino mas bien, por los psicólogos y los psiquiatras.

Afluenza

En efecto, los psicólogos y psiquiatras tienen otra lectura de esta cultura adquisitiva. Ellos consideran que ganar mas para adquirir mas esta generando una neurosis, que el destacado psicólogo británico, Oliver James, llama: Afluenza, cuyo síndrome es un ansiedad permanente por tener mas y mejor, desde inmuebles, autos, pasando por todo tipo de objetos domésticos y personales, hasta mas grandes senos, menos arrugas y inclusive penes mas largos.
Este síndrome adquisitivo, según la psicología y la psiquiatría del consumo, hace que nos identifiquemos por lo que tenemos y por lo que aparentamos. Todo lo cual, termina por crear un vacío espiritual que se manifiesta en neurosis adquisitivas que son, cada vez más corrientes, en las sociedades afluentes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) en los países en desarrollo, debido a la mala distribución del ingreso, casi no existen enfermos de Afluenza como los países altamente desarrollados, en particular los anglosajones, donde el delirio adquisitivo y la compulsión por el shopping terminan en Prosac.
Todo esto muestra que lograr la felicidad, sobre todo la nacional es muy difícil, inclusive en los paises ricos. Y es por esto que Jean Paul Sastre advertía no buscar la felicidad dentro de grandes grupos, diciendo: “el infierno son los otros.” Y, no le faltaba razón, porque uno puede lograr ser feliz con uno mismo, también con cierto esfuerzo con su pareja, y con mayor dificultad con toda su familia, sobre todo si esta es grande. Pero lograr la felicidad de las naciones, donde hay millones de egos, es casi imposible, porque la felicidad de unos es siempre la infelicidad de otros. Solo tenemos que ver el fútbol y la política para comprobarlo.
Sin embargo, a pesar de esta dificultad en los Estado Unidos se insiste, hoy como nunca, en buscar la felicidad privada y nacional. Desde el año 2008 han proliferado más de 4000 libros sobre la felicidad con títulos como: Authentic Happiness, The Art of Happiness, The Happiness Hypothesis, Happiness Guide to Developing Life’s Most Important Skills, etc. También se organizan miles de seminarios, cursos y ahora estudios en más de 100 universidades. Thomas Jefferson jamás su hubiera imaginado que su hermosa frase: “the pursuit of happiness” provocaría una búsqueda de la felicidad publica que dura mas de dos siglos y todavía es elusiva.
Y ante tal angustiosa persecución cotidiana de la felicidad, yo me pregunto ¿por qué no dejar de buscarla, y mas bien pasar un buen rato todos los días?

1 Este artículo está basado en el próximo libro en inglés del autor: “The Myth of Development, Non viables Economies and the Crisis of Civilization” que se publicará por las editoriales Zedbook y Macmillan Publishers en Londres y Nueva York, respectivamente, en setiembre del 2010.
*Ex embajador del Perú en las Naciones
Unidas. Miembro del Consejo Editorial de
Le Monde diplomatique, edición peruana
Frida Kahlo. El abrazo del amor del universo. 1949

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/m%C3%A1s-de-dos-siglos-buscando-la-felicidad1