5 feb. 2011

Victoria pírrica de Alemania

 Crecimiento en alza, desempleo en baja: la industria alemana renace vigorosa. Estos resultados parecen confirmar un modelo económico que reposa en las exportaciones, el estancamiento de los salarios y la desreglamentación del trabajo. ¿Cuáles serán las consecuencias a largo plazo? La implementación de esta estrategia acentuará peligrosamente los desequilibrios comerciales y desestabilizará la unión monetaria en Europa, al obligar al resto de países a una mayor austeridad salarial y presupuestaria para tratar de recuperar su competitividad ante Alemania.

Los dirigentes alemanes muestran una confianza inquebrantable en la solidez de su economía. Socialdemócratas o conservadores se alegran de haber llevado a cabo, en los últimos diez años, las reformas estructurales que habrían catapultado al país al puesto de “mayor exportador del mundo”, título que le arrebató China en 2009, actualmente primer exportador mundial en valor.
Sin embargo, la economía alemana sufrió duramente la crisis financiera de 2008 y el consecuente derrumbe del comercio mundial. El Producto Interno Bruto (PIB) cayó un 5% en 2009, mientras que el de los demás países europeos “apenas” se redujo un 3,7%. A pesar de ello, Alemania es siempre considerada un modelo de estabilidad en el seno de la Unión Europea (UE), especialmente en relación con los países periféricos (Portugal, Italia, Grecia, España, Irlanda). Se menciona, por ejemplo, su moderado déficit presupuestario, inferior al 3% del PIB en 2009 (debería rondar el 5% en 2010), contra el 8% en Portugal, casi el 14% en Grecia y el 8% en Francia. Por sus esfuerzos y su disciplina, habría ganado –y se merecería– la “confianza de los mercados”. Un modelo a seguir.
Esta lectura de la crisis, dominante más allá del Rhin, no resiste ningún análisis. Si la mayor economía europea (que concentra por sí sola un cuarto del PIB de la eurozona) continúa con su estrategia de crecimiento basada en las exportaciones, los desequilibrios comerciales se agravarán y obligarán a los demás países miembros a la austeridad presupuestaria y salarial, con el fin de recuperar su competitividad frente a Alemania. Tomadas simultáneamente, estas medidas corren el riesgo de generar una espiral negativa, que combina aumento del desempleo, deflación y tensiones sociales. Este diagnóstico coincide exactamente con el realizado por John Maynard Keynes en su crítica al mercantilismo, doctrina desarrollada en el siglo XVI, según la cual cada nación debe mejorar su balanza comercial a costa de sus vecinos, lo que hace caer inevitablemente la demanda global a un nivel demasiado bajo como para mantener la cohesión del conjunto del sistema. El neomercantilismo alemán desestabiliza la unión monetaria europea. Sin embargo, fue objeto de consenso, al menos hasta 2009.
Quien inició esta política fue el Partido Socialdemócrata (SPD), que gobernó Alemania de 1998 a 2005, antes de que el canciller Gerhard Schröder cediese su puesto a Angela Merkel, quien tomó entonces las riendas de un gobierno de coalición dominado por los conservadores (CDU). Al SPD le resulta difícil admitir que las “reformas estructurales” iniciadas en 2002, en el marco de un vasto programa titulado Agenda 2010, contribuyeron al debilitamiento del consumo interno alemán y a generar los desequilibrios actuales. En su Plan para Alemania, dado a conocer públicamente para las elecciones federales de 2009, el candidato del SPD, Frank-Walter Steinmeier, alababa así el éxito de la Agenda 2010: “Desde 1998, los socialdemócratas hemos modernizado Alemania y restablecido su competitividad internacional.
En cooperación con los aliados sociales y gracias a los esfuerzos de moderación salarial, supimos hacer que nuestras empresas (y nuestros productos) se ubicaran nuevamente en un primer plano en el mercado mundial. El país que los medios de comunicación internacionales hace diez años llamaban ‘el gran enfermo europeo’ se convirtió en la locomotora de la Unión”.

Reducción salarial

La “modernización”, denominación discreta de la desregulación del mercado laboral, comenzó de hecho en los años 90, y se aceleró bajo el efecto de la Agenda 2010. Consiste en reducir la participación de los salarios en la riqueza nacional, profundizando las desigualdades. En un discurso pronunciado en el Foro Económico Mundial de Davos, en 2005, el canciller Gerhard Schröder resumía: “Hemos creado un sector del mercado laboral donde los salarios son bajos y modificamos el sistema de subsidio por desempleo con el fin de crear fuertes incentivos al trabajo”. Conforme a las recomendaciones del Consejo de Análisis Económico alemán y de la mayoría de los especialistas, el gobierno aún se niega a establecer un salario mínimo legal, por temor a relajar la presión sobre los salarios. Estas decisiones, combinadas con las reiteradas negativas a extender a todos los sectores los acuerdos empresariales, apuntan a desmantelar el sistema de negociación salarial implementado en la posguerra. En este sentido, el gobierno alemán comparte al parecer la convicción de Hans-Werner Sinn, un asesor muy influyente, quien estimaba en 2009: “El desarrollo de un sector de bajos y muy bajos salarios no es la prueba del fracaso de la Agenda 2010, sino de su éxito” (1).
Para quienes se interesan por los rendimientos de la economía alemana en los últimos diez años, esta visión optimista se basa más en convicciones de orden ideológico que en datos concretos. Junto con Italia, Alemania vivió el crecimiento más bajo de la eurozona entre 1999, año del lanzamiento de la moneda única, y 2007, año que precedió a la actual crisis. Su economía creó menos empleo que la de Francia, España o Italia (y este retraso persiste, si se tienen en cuenta las diferencias de PIB). Incluso el período de prosperidad de 2005-2008, que algunos responsables políticos no dudaron en calificar de “nuevo milagro económico alemán”, generó menos empleo que en Francia durante los mismos años o al inicio del milenio (como consecuencia de la introducción de las 35 horas).
Al mismo tiempo, la diferencia entre ricos y pobres aumentó tan rápido que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) expresó su preocupación: entre 2000 y 2005, señala un informe, “la desigualdad salarial y la pobreza se desarrollaron más rápido en Alemania que en cualquier otro país de la OCDE” (2). Incluso durante la reactivación de 2005-2008, el Coeficiente de Gini, que crece con la desigualdad, subió cuatro puntos en Alemania. Semejante aumento se explica en parte por la desregulación del mercado laboral, que generó el estancamiento e incluso la caída de los salarios, aun durante el boom de 2005-2008. También tiene su origen en el retroceso del Estado de Bienestar y del gasto público en general. Así, según datos de la Comisión Europea, Alemania es el único país, junto con Japón, donde el gasto público, teniendo en cuenta la inflación, disminuyó entre 1998 y 2007. En la eurozona, aun incluyendo a Alemania, el gasto público aumentó un 14% en el mismo período… Este retroceso del Estado es consecuencia de reducciones impositivas sustanciales en favor de las empresas y los contribuyentes de mayores recursos, así como de la obstinada intención de “hacer que el presupuesto recupere el equilibrio” y reducir la deuda pública.
El contraste muy pronunciado entre una economía interna debilitada y un sector exportador muy dinámico deriva en gran parte de esta política. Entre 1999 y 2007, Alemania fue el único país de la eurozona en el que las exportaciones contribuyeron más al crecimiento del PIB que la actividad económica interna. El consumo de los hogares sigue siendo anémico, debido a la caída de los salarios reales y a la sensación de inseguridad generada por las reformas del mercado laboral y el sistema de protección social. Del mismo modo, la contribución del gasto público al crecimiento fue la más débil de todos los Estados miembros.

Las lecciones de Keynes

Desde luego, la “moderación salarial” estimula la competitividad de las exportaciones alemanas. Pero ¿a qué precio para la UE? En el marco de una unión monetaria, las diferencias de competitividad entre países ya no pueden compensarse con devaluaciones nominales. En consecuencia, cuando la evolución del costo unitario de la mano de obra (fuertemente relacionado con la tasa de inflación nacional) difiere entre varios países, algunos ganan mecánicamente en competitividad con respecto a los demás. Ahora bien, en el período 1999-2007, el costo unitario de la mano de obra creció menos del 2% en Alemania, mientras que aumentaba del 28% al 31% en Grecia, Irlanda, Portugal y España. Esto significa que todos los demás países perdieron en competitividad respecto de Alemania, pero también que, al tener Alemania una inflación menor, las tasas de interés reales fueron allí más altas, lo que continuó debilitando la demanda interna. Incluso en Francia, donde el costo unitario de la mano de obra sólo aumentó un 17% entre 1999 y 2007 (lo que corresponde aproximadamente al objetivo de inflación determinado por el Banco Central Europeo), la balanza comercial, superavitaria de 1999 a 2003, se inclinó –y luego cayó– del lado deficitario.
Ahora bien, los ataques especulativos de la última primavera estaban mucho más ligados a los desequilibrios de la balanza comercial de los países europeos mencionados que a su déficit presupuestario.
Entre 1999 y 2007, el déficit público de España nunca superó el límite del 3% impuesto por el Tratado de Maastricht y el Pacto de Estabilidad y Crecimiento europeo (a título comparativo, Alemania no respetó este criterio entre 2002 y 2005). Mejor aún: durante este período, la deuda pública española, expresada en porcentaje del PIB, se redujo del 62% al 36% (mientras que en Alemania aumentaba del 61% al 65%) y el Estado incluso acumuló excedentes entre 2005 y 2007. En cambio, en el sector privado (hogares y empresas), los gastos superaron sistemáticamente los ingresos, especialmente a causa de la burbuja inmobiliaria. De allí un déficit constante que alcanzó algunos años el 12% del PIB. Al ser la balanza entre lo público y lo privado netamente negativa, la deuda global aumentó significativamente. Y cuando la burbuja del endeudamiento privado estalla y el desempleo explota, a partir de 2008, el Estado español debe asumir los créditos actualmente imposibles de pagar, lo que obliga a tomar préstamos masivamente. De repente, los mercados cuestionan la solvencia de España. La situación es similar en Irlanda, donde el endeudamiento público retrocedió del 49% al 25% entre 1999 y 2007, pero donde los déficits privados aumentaron durante el mismo período (en Grecia y Portugal, el Estado fue también durante mucho tiempo deficitario, pero en proporciones inferiores a las del sector privado). Son pues los déficits comerciales –generadores de deuda externa, mucho más que el déficit presupuestario del Estado– los que afectan la solvencia de un país y lo exponen a la especulación financiera.
Los dirigentes alemanes se equivocan entonces al celebrar las “reformas estructurales” que habrían vuelto al país más “sólido” y más “seguro” a los ojos de los inversores. La aparente fuerza de Alemania no es sino una victoria pírrica. Según Plutarco, mientras lo felicitaban por su nueva victoria sobre los romanos, el rey de Epiro habría declarado: “Si obtenemos otra victoria como ésta, será nuestro fin”; puesto que había perdido en la batalla gran parte de sus fuerzas, así como a la mayoría de sus oficiales y aliados.
La situación de Alemania no es muy diferente: su victoria en la guerra de la mundialización fue arrancada a un precio muy caro. En el plano social, primero, con la explosión de la desigualdad, la pobreza y la caída de los salarios reales, incluso para la clase media. En el plano político también, a escala europea, ya que sus mejores aliados sufren las consecuencias del neomercantilismo alemán y dudan cada vez más abiertamente de la solidaridad europea de Merkel. En efecto, la estrategia alemana, centrada únicamente en las exportaciones, sólo puede funcionar si todos sus socios siguen acentuando sus déficits comerciales. Los cuales, tal como se vio, son precisamente responsables de la crisis actual.
Incluso desde el punto de vista de su estricto interés nacional, es absurdo convertirse en el “mayor exportador mundial” para quejarse luego del costo de las medidas de rescate que se tornaron indispensables debido al endeudamiento insostenible de los importadores (más del 40% de las exportaciones alemanas están destinadas a los países de la eurozona). La unión monetaria no puede funcionar durante mucho tiempo si su economía más poderosa contribuye tan poco a la demanda global. Es una de las lecciones a aprender del análisis realizado por Keynes de las guerras comerciales que destrozaron Europa en la primera mitad del siglo pasado.
Los socialdemócratas comenzaron además a revisar su doctrina. En el Plan para Alemania de 2009, el SPD reconoce implícitamente que “la contrapartida de la dominación alemana en el terreno de la competitividad es un débil consumo. (…) Será necesario tornar más equitativa la distribución del ingreso y desarrollar las inversiones públicas”.
Pero los conservadores conducidos por Merkel no tienen intención alguna de modificar la política actual.


1 Hans-Werner Sinn et al., “Die Agenda 2010 und die Armutsgefährdung”, Ifo Schnelldienst, Munich, N° 17, 2009, págs. 23-27.
2 OCDE, “Growing Unequal? Income Distribution and Poverty in OECD Countries. Country note: Germany”, París, 2008.
Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/victoria-pirrica-de-alemania

4 feb. 2011


Apuestas en línea, el circo sin el pan


“Juego por internet desde hace seis meses, y cada mes pierdo el 20% de mi salario. Ahora estoy desempleado, tengo más cuidado. Me despierto de noche para jugar. Rechazo invitaciones, para poder seguir jugando. Quedo en ridículo frente a personas razonables”.
Este testimonio de “Gilles”, publicado en el sitio Le Monde.fr (1), no es de los que suelen captar la atención de los medios franceses. Desde junio de 2010, fecha en que entró en vigor la ley sobre los juegos de azar por dinero en internet, los sitios de apuestas deportivas y de póker, pero también algunos canales de televisión, radios y grupos de prensa, se disputan la preferencia del público. Ese mercado, estimado en 5.000 millones de euros para cuando alcance “su velocidad de crucero”, despierta la avidez de la industria del espectáculo tanto como la de los dueños de casinos o de los turfistas.
La liberalización de los juegos y las apuestas deportivas por internet es el resultado de un paciente trabajo de lobbying, en el que chocaron el engaño, el malentendido y el conflicto de intereses. El 12 de mayo de 2010, la ley “relativa a la apertura a la competencia y a la regulación del sector de los juegos por dinero y de azar” fue adoptada de urgencia. Menos de un mes más tarde, el mercado se abría con la Copa del Mundo de Fútbol en Sudáfrica; los operadores de apuestas deportivas, como Eurosportbet, filial del canal de televisión TF1, contaban con poder canalizar en su favor a los numerosos amantes de ese deporte. Durante los partidos, el comentarista Christian Jean-Pierre informaba cuanto pagaba cada equipo e invitaba a los telespectadores a entrar en el sitio TF1.fr, donde figura en lugar destacado un acceso a Eurosportbet.
Al término de la competencia, el 11 de julio, se habían abierto 1,2 millones de cuentas activas en los sitios de apuestas por internet, mientras que los quince operadores autorizados por la Autoridad de regulación de juegos en línea (Arjel) habían facturado 83 millones de euros.
Es casi el doble de los 43 millones de euros generados en Internet por la Francaise des Jeux (FDJ) durante 2009, cuando aún poseía el monopolio oficial de la actividad. “La demanda no creció de forma fulgurante, sino que se trasladó a la oferta legal”, estima la FDJ (2). Así, como podía preverse, esta empresa, propiedad del Estado en un 72%, apoya el discurso del gobierno según el cual la nueva ley tiende a reducir la atracción de los 25.000 sitios ilegales.
¿Hay que conformarse por lo tanto con esa muestra de satisfacción? En marzo de 2009, al presentar su proyecto de ley, Eric Woerth, entonces ministro de Presupuesto, precisó que se trataba a la vez de “preservar los ingresos del Estado y de ofrecer un marco atractivo a los operadores”. Dicho de otra manera, la baja fiscalidad adoptada –un impuesto del 7,5% sobre las apuestas deportivas e hípicas y del 2% en el caso de los sitios de póker– no servirá para aumentar la caja del Estado. Pues resulta muy probable que éste sólo logre compensar la pérdida de ingresos generada por la desaparición de un monopolio creado por un edicto de Francisco I, en 1539, a través de un fomento desenfrenado de la demanda de juegos en línea. En efecto, el monopolio del Estado –que conserva sobre las apuestas “físicas”– resulta rentable: en 2008 la FDJ aportó al Tesoro público 2.500 millones de euros, es decir, el 27,7% de sus ingresos, mientras que el sistema Apuesta Mutual Urbana (PMU, en francés), sociedad mutual de apuestas hípicas, le transfirió 1.100 millones de euros, o sea el 12% de su recaudación. Por lo tanto, el Estado necesitará de un crecimiento muy significativo del subgrabado mercado de las apuestas por internet, para que le cierren las cuentas.
Dando la espalda al espíritu de la ley Hadopi, aprobada un año antes para combatir el consumo ilícito de contenidos culturales en internet, los legisladores no optaron por un dispositivo represivo para luchar contra la oferta ilegal de apuestas en línea, aunque se puede accionar judicialmente contra algunos sitios no autorizados por la Arjel. Al contrario, se dedicaron a legalizar los operadores que, ilegales en Francia, se promocionaban allí desde hace varios años, como por ejemplo la compañía Betclic, de Stéphane Courbit, patrocinador del club Olympique Lyonnais y amigo del Presidente francés.
Los lobbies del juego lograron hacer creer que existía una iniciativa europea para suprimir los monopolios. Sin embargo, desde el fallo Santa Casa del 8 de septiembre de 2009 respecto de Portugal, se sabe que no existe ninguna obligación de abrir a la competencia ese sector que Bruselas excluyó de su directiva sobre los “servicios”: así es que puede perfectamente quedar bajo el control de los Estados en nombre del derecho de los mismos a defender sus intereses en materia de salud y de orden público.
El 8 de julio de 2010, otra decisión autorizó a Suecia a defender su lotería nacional, prohibiendo la promoción de los juegos de azar por internet en los medios de comunicación. El fallo precisa: “Consideraciones de orden cultural, moral o religioso pueden justificar restricciones en cuanto a la libre prestación de los servicios por operadores de juegos de azar, particularmente en la medida en que podría resultar inaceptable permitir que se obtengan beneficios privados por medio de la explotación de un flagelo social o de la debilidad y el infortunio de quienes juegan” (3).
Lejos de apoyarse en esta jurisprudencia europea, la ley francesa ignora los riesgos ligados a la mediatización de los juegos. El texto sólo indica que hay que tratar de proteger a los menores, no exponiéndolos a publicidad en los programas que les están destinados. Pero el 19 de mayo, el Consejo Superior del Audiovisual (CSA), interpretó esa recomendación de manera muy evasiva, dejando en manos de los canales de televisión la tarea de “autocontrolarse” en el caso de los programas que pueden ser vistos por adolescentes, como los de tele realidad. El Reino Unido prohibió la promoción de las apuestas por internet entre las 5 de la mañana y las 22.30 horas en la televisión, y de 17 a 24 en las radio (salvo durante las transmisiones deportivas). El órgano regulador francés se inclinaba por una adaptación de las reglas sobre el juego británicas; el intenso lobbying de los canales de televisión impuso otra cosa.
Por lo tanto, los medios obtienen múltiples ventajas de la promoción de los juegos en línea. En primer lugar, en el propio plano publicitario, esperan facturar no menos de 250 millones de euros por año. Además, cuando no son indirectamente operadores de apuestas, como TF1 a través de Eurosportbet, o el grupo Amaury (L’Equipe, el Tour de France, el Dakar) por medio de Sajoo.fr, están asociados con ellos: por ejemplo, RTL se asoció con el PMU para un programa de pronósticos hípicos.
Al ofrecer una prolongación en internet que lleva a una plataforma de apuestas, ese sistema genera ganancias extra –gracias a una comisión sobre las apuestas– que diversifican las fuentes de ingreso. Con la aparición de la televisión interactiva se incitará a los telespectadores a apostar directamente en línea, haciendo clic sobre la opción elegida durante una transmisión deportiva. El operador de cable Numericable acaba de hecho de firmar un acuerdo con la compañía Betclic. Por otra parte, la telefonía celular promete las mismas posibilidades.
Así, todo está listo para transformar a Francia en una nación de apostadores electrónicos. Cuando las cajas del Estado se vacían, clásicamente se comienza a ver con buenos ojos los juegos de azar, impuestos indirectos que se espera sirvan para aportar dinero al Tesoro público y para calmar las tensiones sociales: panem et circenses – pan y circo.
Pero esta vez la liberalización se hace fundamentalmente en beneficio de algunos patricios, más conocidos con el nombre de “club del Fouquet’s”, en referencia al círculo de patrones que en mayo de 2007 acudieron a festejar la elección de Nicolas Sarkozy: Bernard Arnault (y su hijo Antoine, contratado por Bwin), Stéphane Courbit, Martin Bouygues, etc. Incluso Florence Woerth, esposa del ministro que elaboró la ley, no es ajena al mundo de las apuestas hípicas: junto a esposas de empresarios creó la caballeriza Dam’s, que se ocupa tanto de caballos de carrera como de asesoramiento en desfiscalización.
Esta privatización del espacio lúdico presenta riesgos de conflicto de intereses, desde que un operador puede estar estrechamente ligado al difusor de la competencia, o incluso a su organizador. Basta con que un comentarista insista sobre tal o cual aspecto de una competencia deportiva, para orientar los pronósticos. Ahora bien, como señala Nicolas Béraud, presidente de Betclic, los sitios de apuestas deportivas son manejados por bookmakers cuyo oficio se parece “al de los traders de la City” (4). Éstos manejan las apuestas en tiempo real, y hacen variar las cotizaciones con el objeto de minimizar los riesgos que asumen. No es una paradoja menor que el gobierno pretenda moralizar el capitalismo y a la vez popularice esta “economía de casino”. La estafa de Bernard Madoff siempre es posible: en el póker, varios programas que se pueden descargar por internet, permiten controlar el juego de varios jugadores ficticios a expensas de un “incauto”.
Y ello sin olvidar los riesgos de lavado de dinero. En marzo de 2007, un informe del Grupo de Acción Financiera (GAFI) ponía ya en evidencia operaciones destinadas a lavar dinero por medio de las apuestas en línea. Y el 4 de junio pasado, un fallo de la Corte de Justicia europea convalidó la prohibición dispuesta por los Países Bajos de los sitios de juego en internet en nombre de la lucha contra el fraude y la criminalidad.
En el plano de la salud pública, los peligros son aun mayores. Desde 1980 los juegos por dinero están identificados como generadores de enfermedades comportamentales, cuya frecuencia aumenta con la oferta. Si consideramos que entre el 1 y el 3% de los jugadores franceses tienen una relación patológica con el juego, el aumento de la población de apostadores plantea un problema en sí mismo. Más aun en la medida en que los bonos concedidos por los operadores –500 euros para el póker en Sajoo.fr– resultan particularmente incitativos. Para el doctor Marc Valleur, médico jefe del hospital Marmottan de París, esa apertura a la competencia “ante todo aumentará los problemas de adicción y de abuso de esos juegos, a causa de la gran cantidad de publicidad que se les hace” (5).
Mark Griffiths, profesor de la universidad británica de Nottingham, que observó en paralelo el comportamiento de dos categorías de jugadores, conectados y no conectados (6), estima que los juegos “en línea” generan mayor dependencia potencial en razón del anonimato y de la soledad de los jugadores, de la ausencia de límite temporal o de mirada social crítica. Cabe preguntarse entonces si la única prevención posible no consiste en limitar la oferta.
La lucha contra la adicción, que sigue siendo uno de los objetivos proclamados por la ley francesa, parece entonces difícilmente compatible con la apertura a nuevos operadores. De ello resulta una forma de injusticia social señalada en la Asamblea Nacional por la diputada del Partido Socialista Aurélie Filippetti: “El Inserm mostró que el juego generaba más problemas sociales en las poblaciones más pobres, porque su porcentaje de gastos lúdicos es mayor, incluso cuando las sumas dedicadas al juego son menores”. Más aun cuando la ley, si bien prevé que no se pueda apostar sin tener crédito en la cuenta, no impide el recurso al crédito revolving y al sobre-endeudamiento.
Sin dudas, habrá que descubrir la nueva situación que se oculta detrás de esta nueva distribución de cartas. En su Histoire du poker (7), Frank Daninos muestra claramente que este juego de envite sólo tiene sentido si se lo juega por dinero, a pesar de considerarse que en él interviene menos el azar que la capacidad del jugador. La televisión, al vulgarizar las partidas gracias a cámaras miniatura que muestran las cartas de los jugadores, contribuyó en gran medida a popularizar la nueva imagen de un póker “deportivo, dramático y divertido”. Algunos famosos como Nicole Kidman y Ben Affleck (o Patrick Bruel en Francia), permitieron legitimar un juego concebido como un “puente cultural” hacia Estados Unidos, aun cuando el mismo es también “embriaguez del poder que hay que ejercer en una mesa para dominar, explotar y manipular las debilidades de los adversarios”.
Un juego por dinero, que no se juega en equipo sino individualmente, que no se juega contra la banca sino contra los “iguales a uno”, donde la agresividad es una cualidad fundamental y el engaño y la astucia son admirados bajo el nombre de “bluff”. Muchos son los que terminarán la partida groggy, suspirando como Alexis Ivanovith, el jugador de Dostoievski: “Dejé la mesa sintiéndome aturdido”. 



1 8-10-09.
2 AFP, 14-7-10.
3 AFP, 8-7-10.
4 Véase la Carta de la industria de los juegos por dinero en línea (Igamingfrance.com), 16-7-09.
5 Le Monde, París, 2-7-10.
6 Mark Griffiths, “Gambling online – problem gamblers more susceptible, research shows”, Nottingham Trent University, Ntu.ac.uk, 16-9-09.
7 Franck Daninos, Histoire du poker. Le dernier avatar du rêve américain, Taillandier, París, 2010

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/apuestas-en-linea-el-circo-sin-el-pan