17 jun. 2011


Sinesio López Jiménez
Es la toma democrática de la Bastilla. Sin asaltos, sin violencia, sólo con la fuerza de los votos las clases medias y populares han conquistado el gobierno del Estado para todos. Acabar con la captura del Estado por los operadores del poder económico para ponerlo al servicio de todos es probablemente uno de los cambios más importantes que van a producirse a partir del 28 de julio. Desde hace más de treinta años los poderes fácticos han logrado imponer a los presidentes elegidos los operadores de sus intereses en el manejo de los aparatos económicos del Estado. Desde allí desplegaban las políticas económicas para los ricos y asignaban las migajas de las políticas sociales asistencialistas para los pobres. En este lapso ningún ministro de Economía y Finanzas ha provenido de las filas del partido que obtenía el triunfo electoral. Casi todos ellos provenían de las canteras de los organismos financieros internacionales o de los bancos.
Los operadores justificaban su presencia en el Estado no sólo como cuadros técnicos eficientes sino también como hombres de confianza del capital nacional e internacional. Por temor a fracasar en el campo económico o por presión de los poderes fácticos, los presidentes democráticamente elegidos terminaban escogiéndolos como los magos de la economía y las finanzas. Con la elección de Ollanta las cosas pueden y deben ser distintas. Eso explica probablemente la fuerte presión de la derecha y de los poderes fácticos para que el presidente electo, sin haber recibido aún las credenciales del JNE, decida apresuradamente el nombramiento de los hombres que sirvan y defiendan sus intereses. Eso explica también el veto y la satanización (por la prensa derechista) de los hombres de confianza de Ollanta y de los cuadros provenientes de la izquierda. La derecha política no aprende de su propia derrota y sigue actuando como si hubiera ganado.
¿Es posible poner al Estado al servicio de todos?. ¿Es posible gobernar para todos, especialmente para los más necesitados, o está obligado a gobernar para los ricos el que accede al gobierno del Estado?- Si se tiene en cuenta las relaciones de fuerzas sociales y políticas, nacionales e internacionales, es difícil pero no imposible. Ayudaría mucho si el gobierno recientemente elegido fuera respaldado por un partido bien organizado y por una sociedad civil vigorosa. Estas son, sin embargo, tareas pendientes a las que GANA-PERU tiene que abocarse con urgencia si quiere tener éxito en el gobierno y busca darles proyección estratégica a los grandes cambios que pretende realizar.
Soltar las amarras que atan al Estado con los intereses particulares de algunos grupos en desmedro de las mayorías ya es un buen comienzo, sin embargo, y establecer relaciones estatales funcionales, transparentes, eficientes y justas con la economía y con la sociedad es un avance significativo. El Estado tiene la obligación de garantizar la inversión (nacional y extranjera) y la acumulación a todos los empresarios (grandes y pequeños) y de mantener los equilibrios macroeconómicos a través de sus políticas económicas (fiscal y monetaria) adecuadas y de una seguridad jurídica confiable. Los empresarios, a su vez, tienen la obligación de contribuir en forma significativa al sostenimiento del Estado y de sus políticas públicas mediante una tributación equitativa y el respeto a los derechos de los trabajadores.
Finalmente, el Estado está obligado a dedicar una parte significativa de la presión tributaria a las políticas sociales universales (salud, educación, justicia y seguridad) de calidad para todos, especialmente para los pobres y muy pobres. Sólo si ellas llegan a todo el territorio y a todas las clases sociales, la sociedad le otorgará legitimidad al Estado, al gobierno y a los gobernantes. En el fondo, las relaciones funcionales señaladas constituyen un compromiso entre los empresarios y los trabajadores con la mediación efectiva del Estado.

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_  http://blog.pucp.edu.pe/blog/sinesio

10 jun. 2011


SÍ SE PUDO

Sinesio López Jiménez
Derrotar al fujimorismo no era difícil, pero vencer a todos los poderes que lo respaldaban parecía imposible. Era una batalla desigual. Pocos analistas pensaban que Ollanta pudiera imponerse a Fujimori, a los grandes grupos empresariales, a la mayoría de los medios, al cardenal Cipriani y a García. A mí me parecía difícil, pero no imposible. ¿ Por qué era difícil?. El poder económico y el poder político no estaban dispuestos a perder el poder político. Temían que, perdiéndolo, su poder económico y mediático, corría un serio peligro. García creía que la continuidad del modelo neoliberal peligraba y que Ollanta, una vez en el gobierno, levantara la alfombra de Palacio. ¿Cuál era el miedo del cardenal Cipriani? No temía, por cierto, perder el cielo sino il bocatto di cardinale (algunos apetecidos bienes terrenales).
Era difícil, además, porque, detrás de la candidatura de Ollanta, no existían ni existen partidos organizados que pudieran contrarrestar la ofensiva feroz de todos los poderes. ¿Por qué no era imposible? Había antecedentes de la derrota de los medios. Barrantes en los 80 y Belmont en 1989 habían logrado victorias parciales y Fujimori en 1990 logró una victoria total cuando ganó el gobierno contra la voluntad de los medios. ¿ Por qué triunfó Ollanta?. Hay varios factores que han contribuido a su victoria. En primer lugar, la calidad del candidato. Ollanta tiene defectos, sin duda, pero son mayores sus virtudes. La primera es una voluntad férrea, forjada en otras batallas muy difíciles (lucha contra el terrorismo, guerra del Cenepa) que debió librar como militar. La segunda, una persistente y legítima ambición de poder que lo impulsó a luchar denodadamente por la conquista del gobierno.
La tercera, la madurez del candidato, adquirida a lo largo de la lucha política desde el 2006 en adelante. En una reunión de un centenar de invitados sostuvo: Que me disculpe mi profesor de política, pero yo aprendí mucho más en la calle (en contacto directo con el pueblo) que en la Católica. Esa madurez le permitió en estas elecciones adecuarse a los cambios de los tiempos y las circunstancias sin renunciar a los objetivos programáticos y estratégicos. La segunda razón de su triunfo es la campaña electoral impecable que desplegó con la asesoría de especialistas de primer nivel. Gracias a sus asesores pudo salir airoso de los desafíos más difíciles de la campaña.
En tercer lugar, la conformación de una coalición de centro izquierda le permitió enfrentar con éxito la segunda vuelta electoral. El 32% de esa coalición provenía de las corrientes nacionalistas e izquierdistas de la primera vuelta y el 20% provino de la vertiente liberal-democrática encabezada por Alejandro Toledo y Mario Vargas Llosa. Por ser liberal, democrática y ética, esta corriente era profundamente antifujimorista. Hay que destacar la valentía y la entereza moral de los Vargas Llosa (Mario y Alvaro) para defender sus principios aún a costa de enemistarse y ganarse los odios del poder económico, mediático y religioso. En cuarto lugar, el apoyo de algunos medios (La República y La Primera) y de algunas organizaciones de la sociedad civil le dieron sustento e impulso a la campaña, especialmente en la última semana en la que se rompió el virtual empate de los candidatos.
¿Cuáles son los principales desafíos de Ollanta como presidente?. El primero, mantener el impulso del crecimiento económico. En segundo lugar, elevar la presión tributaria sin abusar de los impuestos. El tercero, desplegar el conjunto de políticas sociales como derechos sociales universales que prometió en la campaña. El cuarto, aplicar un shock en los aparatos sociales del Estado (educación, salud, justicia y seguridad) para hacerlos más ágiles, eficientes y transparentes. Todo eso requiere, sin duda, manejar las políticas económicas con y desde el centro y las políticas sociales con y desde la izquierda. Que Dios nos ayude.

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://blog.pucp.edu.pe/item/135139/si-se-pudo