5 ago. 2011

Todo debe de cambiar por el Bien Social de la mayoria.


ESTADO Y DESARROLLO


Sinesio López Jiménez
Si se relaciona la densidad del Estado con el índice de desarrollo humano en el Perú, el resultado es el siguiente: A más Estado, más desarrollo humano y a menos Estado menos desarrollo humano. Para decirlo con más precisión: Aquellas regiones, provincias y distritos que tienen más y mejor Estado tienen también un mayor nivel de desarrollo humano. El año pasado el PNUD publicó los resultados de una investigación revolucionaria (que comenté oportunamente en esta columna) sobre lo que ese organismo internacional denomina densidad del Estado.
Con este concepto y sus respectiva operacionalización el PNUD medía la presencia del Estado y de sus políticas sociales en las diversas regiones y provincias del país. Se utilizaron diversos indicadores de educación, salud, saneamiento (agua y desagüe) y electricidad, pero se dejaron de lado otras políticas igualmente importantes (seguridad y justicia) probablemente porque son difíciles de cuantificar. Mi hipótesis es que, si hubieran tomado indicadores de justicia (legalidad efectiva) y de seguridad para los ciudadanos el mapa de la densidad estatal habría presentado contornos más acentuados y precisos.
Desde hace más de una década el PNUD publica anualmente el índice de desarrollo humano que mide el nivel de bienestar de la población utilizando diversos indicadores de educación, salud (esperanza de vida) y economía (PBI per capita). Debido a que se repiten los indicadores de educación en ambas mediciones, es mejor relacionar la densidad del Estado con los ingresos familiares per cápita y el resultado es más intenso: A más Estado, más ingresos familiares per capita, esto es, más desarrollo, y a menos Estado, menos desarrollo. Sociológicamente se puede sostener fundadamente lo siguiente: el nivel de densidad del Estado acompaña la estratificación social, esto es, las clases sociales acomodadas tienen más Estado (salud, educación, justicia y seguridad) que los pobres (con muy bajos ingresos familiares) que han sido abandonados también por el Estado.
¿Indica la relación entre la densidad del Estado y el nivel de desarrollo (ingresos familiares per capita) algún tipo de causalidad?. Mi hipótesis es que existe entre ambos fenómenos una relación causal que no es lineal sino circular. Es probable, sin embargo, que el primer impulso (para escándalo de los trogloditas) haya sido lineal y haya provenido del Estado. En efecto, sin seguridad jurídica y sin promoción estatal (políticas económicas monetarias y fiscales, estabilidad macroeconómica, inversión en infraestructura, calificación de la mano de obra, inversión en ciencia y tecnología) a la acumulación privada (capitalista) no hay crecimiento económico. Esta es la parte del Estado que les encanta a los grandes grupos empresariales y a la derecha. Es su paraíso estatal.
Hay otras partes del Estado que no les gusta para nada (los impuestos para sostener el Estado) y hay otras que francamente rechazan (el reconocimiento de los derechos sociales universales y las políticas de igualdad de oportunidades: educación, salud, justicia y seguridad de calidad para todos). Quieren un estado sólo para ellos. Ese que actualmente existe, según el mapa de densidad estatal del PNUD. Que los pobres se mueran sin mercado y sin estado. Y si el Estado pretende asumir un rol promotor del desarrollo de algunos sectores deprimidos de la economía lanzan alaridos como posesos en defensa de la sagrada constitución de 1993 (promovida por los organismos financieros empresariales, por asaltantes del fisco y por golpistas que querían perpetuarse en el poder).
Tengo la impresión que la grita proviene más de la derecha política (ignara y primitiva) que de los grandes grupos empresariales que son pragmáticos. A ellos el actual gobierno les ha garantizado no sólo reglas de juego claras y precisas (el Estado que les gusta) para que inviertan y acumulen sino que también les ha aceptado representantes en el gabinete y en los aparatos económicos. La relación entre el Estado y el mercado (y el desarrollo) depende de la correlación política de fuerzas en el país. Si éstas han cambiado, es normal que esa relación cambie de igual modo. Así de simple.
 
Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://blog.pucp.edu.pe/item/139407/estado-y-desarrollo

4 ago. 2011

Y ahora quien la lleva


Quién la lleva ahora



Por: Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
¿Y quién pone la agenda y quiénes la manejan?
El inicio de un quinquenio político constituye un período de contrastación de fuerzas, de acomodos y reacomodos, por parte de los distintos actores políticos, económicos y sociales que suele ser determinante para lo que ocurrirá en todo el período. En eso estamos ahora.
Es un momento en el que se inicia un nuevo gobierno –con la llegada de nuevos rostros y estilos en los ministerios y en las principales oficinas públicas–, se instala un nuevo congreso, hay agrupaciones políticas que emergen en el escenario y otras que se diluyen, y los movimientos sociales y regionales se van alineando o desalineando frente al poder central. 
No son los únicos. Los gremios empresariales, por ejemplo, se apuran por esconder las lanzas de la batalla –especialmente si se pusieron en el lado que al final fue el perdedor–, las autoridades castrenses se cuadran mirando a nuevos jefes, mientras no pocos medios de comunicación ingresan en ‘fase de reflexión’ para ‘adaptarse al nuevo entorno’, lo cual es barnizado con lemas tipo ‘hay que darle una luna de miel al gobierno’.
Es un período crucial de instalación de los actores políticos, económicos y sociales en el escenario dentro de un proceso que es dinámico en el sentido de que, sin duda, irá cambiando durante el lustro en función del movimiento de las distintas fuerzas políticas, pero que adopta una configuración inicial que se amolda durante los primeros cien días del nuevo lustro.
En este contexto, el 28 de julio por la noche, el flamante presidente Ollanta Humala se apareció en la Plaza de Armas durante una fiesta popular para lanzar un comentario que les cayó mal a algunos congresistas y hasta a algunos medios:
“El debate político real hoy en día se encuentra en las calles y no en el congreso; es ese el debate político formal porque se han divorciado del pueblo peruano los poderes políticos”.
Esa afirmación no debiera incomodarle a nadie. El debate no está solo en el congreso o en la calle. También está en el gabinete ministerial, las regiones, los medios de comunicación, los directorios de las principales empresas y de los gremios que las agrupan, los cuarteles, los cónclaves religiosos de curas de alto vuelo con manejo y llegada política, los mandos judiciales, la sociedad civil y en muchos otros espacios de influencia.
En una democracia, todos pugnan por una cuota de poder y entran en una competencia intensa por definir quién pone la agenda nacional y quién la administra de acuerdo, naturalmente, con su interés particular.
En este sentido, un cambio de gobierno significa, con frecuencia, un terremoto que mueve las placas de poder que se habían estacionado de un modo determinado y que ahora buscan un acomodo distinto y, sin duda, más favorable a sus intereses. En eso estamos ahora y es normal que eso ocurra.

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.larepublica.pe/03-08-2011/quien-la-lleva-ahora