3 set. 2011

La derecha debe de entender que el Perú es una nación Tahuantisuyana, de ciudadanos quechuas y aymaras en su mayoría y que nos corresponde el velar por nuestro destino solo a nosotros,,,,


GOBIERNO Y GOBERNABILIDAD

Sinesio López JiménezEl triunfo electoral otorga el gobierno, pero no brinda gobernabilidad. Ayuda, pero no la garantiza. Es un factor necesario, pero no suficiente. La capacidad de gobernar en democracia (o desempeño democrático) depende también de la eficacia decisoria, la transparencia y la legitimidad de la acción de gobierno (governing), de la estabilidad de las instituciones (governance) y de las condiciones favorables (nivel de desarrollo, estado democrático, nivel de desigualdad). Eso es lo que sostiene la teoría convencional. Me parece, sin embargo, que el señalamiento de este conjunto complejo de factores de gobernabilidad es insuficiente porque deja de lado un elemento que, a mi juicio, es decisivo: la evaluación y el manejo inteligente de las relaciones de poder en todos los niveles de la vida social en cada situación concreta.
Una rápida evaluación de estos factores muestra que el talón de Aquiles de la gobernabilidad está en los factores institucionales (el sistema electoral, el sistema de partidos, la forma de gobierno) y en las condiciones (crecimiento sin distribución, debilidad del Estado, altos niveles de desigualdad) más que en la acción de gobierno y en la evaluación y manejo de las relaciones de poder. El sistema de mayoría en dos vueltas electorales, a diferencia del sistema de pluralidad que define la competencia en una sola vuelta, no ayuda a la gobernabilidad en la medida que genera un pluralismo extremo y una fragmentación parlamentaria.
El colapso de los partidos tampoco ayuda a la gobernabilidad porque produce volatilidad electoral, fragmentación política, personalización de la política, racionalidad pragmática de los electores y emergencia de los medios y los poderes fácticos como epicentros de gravedad política en la vida social. El presidencialismo plebiscitario, a diferencia de lo que llama Nolhen presidencialismo renovado basado en coaliciones sociales y políticas, es una forma de gobierno que no contribuye a la gobernabilidad porque es alérgico al desarrollo de las instituciones.
El principal factor estructural que genera ingobernalidad es, sin embargo, la debilidad del Estado. Ella proviene del patrimonialismo tradicional y moderno (la captura estatal), de su modernización limitada (los aparatos económicos funcionan más o menos bien pero los sociales son un desastre), de su carácter antidemocrático (las políticas sociales de salud, educación, seguridad y justicia no llega a todo el territorio ni a toda la población), de su sentido discriminatorio (no reconoce la pluriculturalidad compleja del país), del centralismo económico y estatal y de sus deficiencias burocráticas (falta de gerencia y de gestión públicas eficientes).
La acentuada desigualdad que, de acuerdo a los investigadores serios, se aproxima a un Gini de 0.6 tampoco ayuda a la gobernabilidad. El crecimiento (no discuto su tipo y su calidad) sin distribución no ayuda mucho a la gobernabilidad, pero es un buen punto de partida en la medida que constituye una condición necesaria para impulsar una política de concertación que garantice el crecimiento con inclusión. Si la gobernabilidad es deficitaria por el lado de las instituciones y de las condiciones estructurales, ¿qué explica entonces el cierto nivel de gobernabilidad que existe actualmente?.
Mi hipótesis es que la gobernabilidad proviene de la acción del gobierno y del buen manejo de las relaciones de fuerza que han permitido organizar un gabinete y una política de concertación, particularmente con el mundo empresarial. El hueso duro de roer es la derecha política y mediática que mimó tanto a García, pero que al presidente Humala no está dispuesta a perdonarle el mínimo traspiés. Le disgusta la política de la gran transformación así como el equipo de gobierno que la impulsa. Le friega también que la agenda política actual no provenga de sus caprichos banales, sino de las propuestas de cambio del gobierno.

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://blog.pucp.edu.pe/item/141668/gobierno-y-gobernabilidad

30 ago. 2011

El rating, el maldito rating,,,,, y la falta de conciencia y responsabilidad social,,,,


CSI: Colca



Por Augusto Álvarez Rodrich
alvarezrodrich@larepublica.com.pe
El asesinato del periodismo ético que busca la verdad.
No tengo idea de cuál será la verdad en la desaparición de Ciro Castillo y, a estas alturas de la tragedia, no me sorprendería cualquier desenlace, pero tengo la sensación de que la cobertura de un sector de la prensa se ha pasado de vueltas, mellando su prestigio, y triturando la ética y la verdad a cambio de circulación y rating.
La desaparición de dos universitarios clasemedieros, enamorados, en viaje de aventura, con el rescate de la muchacha y un joven que sigue perdido por más de 150 días, tiene todos los componentes clásicos para atraer el interés ciudadano.
La gran cantidad de series televisivas cuyo eje es desenmarañar un crimen prueban dicho interés: CSI New York, Miami y Las Vegas, Cold Case, Misterios sin resolver, Without a trace, Detectives Médicos, Body of Proof, Bonds o Criminal Minds son solo algunas de las policiales que atraen gran audiencia.
No está en duda la legitimidad de la atención de los medios por Ciro Castillo. Por un lado, la prensa responde a la necesidad de informarse de la gente y debiera abocarse a revelar la verdad. Por el otro, algo que a los periodistas nunca nos gusta contar es que el periodismo también es un negocio que requiere altas circulaciones y ratings, lo cual no tiene nada de malo –al contrario– si esto se hace con ética y apegado a la verdad.
El periodista tiene muchos compromisos –con el medio en el que trabaja, con la gobernabilidad o con sus lectores o audiencia–, pero, antes que todo, está el compromiso con la verdad, lo cual constituye un fundamento innegociable.
Ahí radica, precisamente, el problema en la cobertura de la desaparición de Ciro Castillo. Cuando el periodista cree que la verdad no puede interferir con un ‘buen’ titular o un ‘buen’ reportaje –evaluados solo por su impacto en la circulación o el rating–, y cuando sus editores lo aceptan mirando al techo y esperando el aplauso del gerente que mide el éxito periodístico por la publicidad que contabiliza, se acaba triturando el compromiso prioritario con la verdad que demanda este oficio.
Como anotó con acierto Pedro Ortiz Bisso ayer en El Comercio, “para lamento de quienes se olvidan de ser periodistas para fungir de fiscales, al momento de escribir estas líneas no existe una sola prueba irrefutable que señale que en el cañón arequipeño hubo un crimen. No se ha establecido siquiera un móvil que sustente la teoría de un asesinato”.
Rosario Ponce podrá tener actitudes y reacciones que llamen la atención y hasta la sospecha, pero aún no hay pruebas de que sea una asesina. Sin embargo, un sector de la prensa –empujado por la lectoría o el rating– no ha tenido el menor reparo en acusarla, condenarla y hostigarla para construir un reality show irresponsable que los desprestigia a ellos mismos y tiene, entre otras víctimas, al periodismo ético que busca la verdad.

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.larepublica.pe/30-08-2011/csi-colca