10 may. 2012

“Necesito ideas y creo que si me encargasen el proyecto de un nuevo universo, un loco arrojo me empujaría a acometerlo”


El visionario

Por: Mario Vargas Llosa
Soñó toda su vida con ser arquitecto, actividad a la que consideró “una profesión divina”, y orgullosamente firmó todos sus libros como “Giambattista Piranesi, arquitecto veneciano”, pero la única obra que llegó a diseñar y ejecutar fue la restauración de la iglesita de Santa María del Priorato, en el Aventino, que le serviría también de tumba.
Su maestro en la técnica del aguafuerte, en Roma, Giuseppe Vasi, debió decepcionarlo mucho cuando le dijo que no tenía aptitudes para ser un buen artesano grabador porque era “demasiado artista” y debía dedicarse más bien a la pintura. Pero tenía razón, porque un grabador en aquellos tiempos, mediados del siglo dieciocho, era sobre todo un diestro técnico fabricante de imágenes en serie a las que se consideraba, por lo general, en la periferia de lo artístico. Felizmente, Piranesi, que, además de malhumorado, inconforme y polémico, era terco, persistió, e hizo bien, porque convirtió el aguafuerte en un arte tan creativo y osado como la pintura y la escultura. Él, gracias a sus aguafuertes y diseños, llegó a ser uno de los más grandes artistas de su tiempo y uno de los que crecerían más y ejercerían una influencia mayor después de muerto.
La muestra que se exhibe de él ahora en Madrid, en Caixaforum, “Las artes de Piranesi, arquitecto, grabador, anticuario, vedutista y diseñador”, es extraordinaria. Tiene, entre otros, el mérito de mostrar buen número de los objetos que Piranesi concibió y diseñó, pero nunca llegó a ver materializados, pues eran demasiado excéntricos e insólitos para el gusto de sus contemporáneos. Los ha producido, con escrupulosa fidelidad y utilizando la tecnología más avanzada, el laboratorio madrileño Factum Arte que dirige Adam Lowe. Esos candelabros, trípodes, sillas, chimeneas, adornos, apliques, jarrones en los que Piranesi dio rienda suelta a su desbocada fantasía y su amor por las civilizaciones del pasado –Roma, Egipto, los etruscos– fascinan casi tanto como las invenciones carcelarias que lo han hecho famoso o las “Vistas” de esa Roma de los siglos grandiosos que él creyó documentar en sus grabados cuando en realidad la rehacía e inventaba.
Esos objetos constituyen una representación fantástica. No hay en ellos asomo de realismo, pese a estar constituidos de fragmentos, símbolos y otros ingredientes del pasado histórico y arqueológico. Pero estos materiales han sido combinados y reconstruidos con tanta libertad y siguiendo unos patrones de gusto y belleza tan personales que se han emancipado de sus fuentes y alcanzado plena soberanía. Lo que en ellos destaca es la imaginación desalada y la maestría formal de su inventor, que era capaz de abandonarse a los delirios más rebuscados sin perder jamás el gobierno de aquel simulacro de desorden al que daba coherencia un orden secreto. Cada uno de estos objetos es un verdadero laberinto hecho de simetría, intuición y desacato a los cánones establecidos en que se vuelca una vida profunda, aquella que, como escribió Goya, produce “el sueño de la razón”. Como los poemas “oscuros” de Góngora o los monólogos interiores de Joyce, los artefactos domésticos que fantaseó Piranesi son testimonio de esa dimensión de la vida que llamamos el inconsciente. Estos delirantes muebles o adornos que ahora podemos ver (y hasta tocar), Piranesi sólo pudo soñarlos.
Le apasionaban las piedras antiguas, las ruinas, los caminos imperiales medio desaparecidos por la incuria de la gente y la fuerza destructora de la naturaleza, los monumentos víctimas de la usura del tiempo, y seguía con hipnótica perseverancia las excavaciones arqueológicas que iba revelando a pocos aquella antigüedad de la que vivió siempre prendado. Sobre todo, los hallazgos en torno a la civilización etrusca lo deslumbraron y toda su vida sostuvo, aún en contra de la evidencia histórica, que aquella, y no la griega, habría sido la fuente cultural de la civilización romana. Muy sinceramente creyó que el casi millar de grabados que produjo tenían como fin salvar de la desaparición y el olvido de las nuevas generaciones, esos edificios, templos, puentes, arcos, pórticos, sepulcros, murallas, caminos, pozos, tuberías, que atestiguaban sobre la grandeza histórica y artística de los antiguos romanos. Pero, era más fuerte que su voluntad: cuando se ponía a diseñar en el papel o a pasar el buril sobre la plancha de cobre, su imaginación estallaba y hacía tabla rasa de la objetividad de sus propósitos. Al final, lo que resultaba era un mundo tan suyo como si lo hubiera inventado de pies a cabeza, sin necesidad de esos modelos a los que pretendía ser fiel, pero a los que su genio y sus pulsiones secretas transformaban, imprimiéndoles un sesgo absolutamente propio.
Era un realista visionario, a la manera de Goya, como lo señala Marguerite Yourcenar en el luminoso ensayo que le dedicó (“El cerebro negro de Piranesi”). (Dicho sea de paso, pocos artistas han inspirado a tantos escritores a escribir sobre ellos y su obra como Piranesi, desde Thomas de Quincey hasta Aldous Huxley, pasando por Coleridge, Victor Hugo y André Breton). Yourcenar se refiere específicamente al sutil parentesco que existe entre las “Carceri” del veneciano y los frescos de la Quinta del Sordo del aragonés, pero sin duda las similitudes son más vastas. En sus obras, ambos fueron no sólo testigos, también creadores e inventores de su tiempo pues impregnaron a la sociedad que describieron de una sensibilidad que era la suya personal. En ambos, había una mirada que sutilmente discriminaba, elegía, magnificaba y abolía lo real rehaciendo subjetivamente aquello que aspiraba sólo a representar.
Pero, en tanto que a Goya le fascinaban los tipos humanos, cómo lucían y qué hacían los hombres y mujeres de su entorno, Piranesi no tenía mucha simpatía por sus semejantes. Secretamente, los despreciaba, al menos como materia artística. Él privilegiaba las piedras y las cosas, a las que infundía un poderoso élan vital, en tanto que a los hombres en sus grabados los empequeñecía y condenaba a la condición de simples bultos o sombras anónimas.
Una de las originalidades de esta muestra es cotejar, en la última sala, ciertos edificios de la Roma antigua que Piranesi fijó en sus grabados con las fotografías de esos mismos lugares tomadas en nuestros días por Gabriele Basilio, un distinguido fotógrafo de temas arquitectónicos. Son los mismos modelos y sin embargo se diría que una esencia, un alma, un aura los separa, que está presente en los grabados y ausente en las fotos, ese elemento añadido con que el gran artista dieciochesco reconstruyó y adaptó a su propio mundo interior aquella Roma que creía solamente rescatar.
Una leyenda pertinaz, que subsiste pese a todos los desmentidos de biógrafos e historiadores, es que Piranesi realizó sus famosas “cárceles inventadas” –apenas dieciséis placas que atravesarían los siglos con efectos seminales sobre el arte y la literatura modernos– bajo el efecto de las fiebres de la epidemia de cólera que en esa época asoló Roma. En verdad, no necesitaba de enfermedades ni calenturas para desvariar: la alucinación fue su manera cotidiana de mirar y, por supuesto, de crear.
Lo hizo de manera más discreta y solapada cuando grabó sus “Vedute” (vistas) de la antigüedad. En sus cuatro “Caprichos” y en sus “Carceri”, en cambio, operó de manera desembozada, como en un trance enloquecido, y, por eso, sus contemporáneos no supieron reconocer la fuerza convulsiva de esas imágenes pesadillescas, teatrales y angustiosas. Casi nadie se interesó en ellas. Sólo la posteridad reconocería su hechicera originalidad. Enormes recintos poblados de puentes, escaleras, columnas que remiten a otros puentes, escaleras y columnas, monstruosos aparatos, grúas, arietes, potros de tortura, cadenas, asfixiantes y aterradores por su profundidad y su soledad, en la que lo humano se ha reducido hasta la insignificancia y alejado, sobreviviendo apenas en los rincones sombríos, como les ocurre a las alimañas más nocivas. Esas prisiones tienen un contenido simbólico que alude a las peores calamidades, empezando por la pérdida de la libertad. En ellas están sugeridas todas las formas de la represión y la crueldad inventadas para convertir la vida en un infierno y entronizar el reinado de la maldad sobre la tierra. Es imposible no sentir un estremecimiento de horror al contemplarlas. Por eso, se ha dicho de ellos con justicia que parecen los escenarios ideales para las historias del Marqués de Sade.
Jacques Guillaume Legrand asegura que oyó decir a Piranesi alguna vez: “Necesito ideas y creo que si me encargasen el proyecto de un nuevo universo, un loco arrojo me empujaría a acometerlo”. Los biógrafos discuten si pronunció esa frase atronadora e insolente o se la atribuyeron. La verdad, no importa nada que la dijera o no, pues eso que dicen que dijo es exactamente lo que hizo a lo largo de toda la obra imperecedera que nos dejó.
Madrid, mayo de 2012

Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.larepublica.pe/columnistas/piedra-de-toque/el-visionario-06-05-2012

27 feb. 2012

Se inicia el fortalecimiento de un bloque, un bloque que es anti-sistema como diria el sistema, diría como muchos la lucha de ideas y posiciones.

OPPENHEIMER: Tres escenarios para Venezuela

AOPPENHEIMER@ELNUEVOHERALD.COM

La admisión del presidente venezolano Hugo Chávez de que tendrá que “repensar su agenda” tras haber sido diagnosticado con una nueva “lesión” que podría ser cancerosa plantea dudas sobre el futuro de su modelo narcisista-leninista tanto en Venezuela como en otros países latinoamericanos.
Muchos de los que pensábamos que Chávez terminaría ganando las elecciones del 7 de octubre —gracias a una combinación del uso indiscriminado de fondos estatales para comprar votos, un casi monopolio de los medios de difusión y la intimidación de votantes opositores— deberemos repensar nuestros pronósticos. Chávez aún puede ganar, pero ya no es algo tan seguro.
La confesión de Chávez —tras meses asegurando que ya estaba curado e insultando a quienes especulaban lo contrario— de que el tratamiento del cáncer lo obligará a bajar el ritmo de sus actividades, sumada al masivo apoyo que recibió el candidato opositor Henrique Capriles Radonski en las elecciones primarias del 12 de febrero, son dos factores que indudablemente tendrán un gran impacto en la campaña electoral.
De repente, Chávez parece vulnerable. Los analistas políticos venezolanos ya no debaten si Chávez estará en el poder “más allá del 2019” — tal como el mismo presidente afirmó en fecha tan reciente como el 18 de febrero—, sino si seguirá siendo presidente a fines de este año.
TRES POSIBILIDADES
Hay tres grandes escenarios de lo que puede ocurrir en Venezuela durante los próximos meses:
• Escenario 1: Nada cambia. Chávez reduce su ritmo de actividades, pero sigue en carrera para las elecciones presidenciales de octubre.
Chávez podría ganar si, además del uso casi irrestricto de los medios electrónicos y la intimidación de opositores, su gobierno se beneficia de una escalada de los precios del petróleo en caso de un ataque israelí contra las instalaciones nucleares de Irán. Eso le daría al gobierno venezolano aún más recursos para ganar votos.
Además, Chávez se podría beneficiar del “efecto lástima”, que podría hacer que muchos venezolanos sientan simpatía por él debido a su enfermedad y lo apoyen en las urnas, aunque por otro lado muchos venezolanos resienten el hecho de que el presidente y sus ministros hayan mentido al negar airadamente rumores sobre su enfermedad que resultaron ser ciertos.
• Escenario 2: Chávez designa a un sucesor. Su salud se deteriora y el presidente venezolano designa a un sustituto para que compita en las elecciones de octubre, tal como lo hizo Fidel Castro en Cuba cuando anunció el 31 de julio del 2006 que se sometería a una operación y que cedía provisoriamente el poder a su hermano Raúl.
Cuba, cuya economía depende de los petrodólares de Chávez y es el país más interesado en mantener el status quo en Venezuela, será la primera en recomendarle a Chávez una sucesión como la de los hermanos Castro que mantenga vivo el gobierno, en la que Chávez seguiría siendo el “padre de la revolución” pero detrás de bambalinas.
Pero sin la presencia constante de Chávez en los medios, su sucesor podría perder las elecciones de octubre. El gobierno de Venezuela es notoriamente inepto y corrupto, y depende casi por completo de la popularidad personal de Chávez en algunos sectores de la población. Asimismo, el gobierno enfrenta tendencias electorales que han mostrado un constante aumento de los votos de la oposición: los candidatos anti-Chavistas obtuvieron el 52 por ciento de los votos en las elecciones legislativas del 2010, e inesperadamente conquistaron 3 millones de votos en las primarias de este mes.
• Escenario 3: Una intervención militar, o “el escenario egipcio”. Chávez queda incapacitado o muere durante los próximos meses, y los militares venezolanos toman el poder con la excusa de impedir una ola de violencia.
MILITARES ACUSADOS
Los generales de Chávez —algunos de los cuales, como el Ministro de Defensa Gen. Henry Rangel Silva, han sido acusados por Estados Unidos de estar involucrados en el narcotráfico, mientras que otros temen investigaciones por corrupción si la oposición llega al poder— son los que más tendrían que perder si el régimen de Chávez se derrumba.
“Para evitar perder el poder, los militares y las fuerzas radicales podrían buscar una salida militar para suspender las elecciones, alegando un supuesto peligro de guerra civil”, me señaló el consultor político y encuestador Alfredo Keller desde Caracas. “Si Chávez desaparece, es muy posible un escenario egipcio”.
Mi opinión: Cualquiera de estos tres escenarios es posible, pero para preservar lo que queda de democracia en Venezuela, la comunidad internacional debería advertir ya mismo a los militares venezolanos que no aceptará un “escenario egipcio” en Venezuela.
Lo último que necesita Latinoamérica tras la erosión de las libertades democráticas en Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y otros países es un regreso de las juntas militares. Los dos primeros escenarios —gane quien gane— serían preferibles al tercero.
Twitter: @oppenheimera

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