9 jun. 2010

Aun quieren llegar a Occidente: En la frontera entre Pakistán y Afganistán los kalash, un pueblo no islamizado y de rasgos culturales muy diferenciados de sus vecinos, se lanzan a la recuperación de las claves simbólicas de una historia confusa e improbable. Según ella, Alejandro Magno habría pasado por esa región y ellos serían descendientes de sus soldados. Grecia estimula esa visión y otorga ayudas para afirmar la supuesta herencia helena de ese remoto rincón de Asia. Nunca es tarea fácil discernir el mito de la realidad.

Los nietos de Alejandro Magno

Por Nicolas Autheman*
Unos inesperados descendientes en Pakistán
 
En la frontera entre Pakistán y Afganistán los kalash, un pueblo no islamizado y de rasgos culturales muy diferenciados de sus vecinos, se lanzan a la recuperación de las claves simbólicas de una historia confusa e improbable. Según ella, Alejandro Magno habría pasado por esa región y ellos serían descendientes de sus soldados. Grecia estimula esa visión y otorga ayudas para afirmar la supuesta herencia helena de ese remoto rincón de Asia. Nunca es tarea fácil discernir el mito de la realidad. 
Para los occidentales que aún se aventuran a viajar a Pakistán, la visita al lejano valle de Chitral, en el macizo de Hindu-Kush, zona fronteriza con Afganistán, es sin dudas uno de los puntos culminantes de la visita. Si en medio de ese marco natural impresionante, esos viajeros se detuvieran en los poblados kalash, no estarían lejos de experimentar la misma emoción que Alejandro Magno cuando, luego de su larga conquista de Persia, encontró en la ciudad de Nysa (1) un pueblo que curiosamente practicaba los mismos rituales dionisíacos que en su país natal (2).
Diferenciándose de un entorno austero y tardíamente convertido al islam, los kalash, politeístas, utilizan vino en sus ritos religiosos y rechazan el velo para sus mujeres. En Bumburet, uno de los tres valles donde viven, la sorpresa es aún mayor: allí se eleva la Kalasha-Dur, un inmenso edificio nuevo de tres pisos, sobre el cual se ve una placa en griego, y que alberga una escuela, un centro sanitario y hasta un museo cuyas columnas fueron esculpidas siguiendo los cánones de la arquitectura jónica.
Desde hace algunos años, Wazir Zada, un joven kalash, intenta que el Parlamento en Peshawar reconozca los derechos de la minoría kalash. Sin embargo, en las altas praderas donde vive tiene escasos recursos y territorios para reivindicar, salvo la defensa de una simple diferencia cultural en un ambiente crispado: reclamar por que se respete el derecho a producir y consumir vino. Ésta es una actividad poco apreciada por los musulmanes ortodoxos, que la utilizan con fines proselitistas. “Todas esas iniciativas para frenar la cultura del vino son hipócritas. Muchos musulmanes del valle de Chitral vienen a beber con nosotros; el vino es algo muy antiguo en estos valles”, afirmó Zada.
Zareen Khan, un joven que se fue a vivir y a estudiar a Peshawar, recuerda que en la década del 50 había 30.000 kalash. La gran mayoría debió convertirse bajo la creciente presión de un islam exigente, que carcomía Pakistán. “Actualmente somos apenas tres mil” se lamenta Khan señalando una nueva mezquita construida en medio del valle.
En el marco de esas reivindicaciones es donde surge la figura de Alejandro Magno. “Hace algunos años se encontraron monedas de oro con la efigie de Alejandro en una gruta de Bumburet”, afirmó Khan. Es cierto que los viejos kalash, custodios de una tradición que se está extinguiendo, jamás evocan la figura del conquistador macedonio. Pero los jóvenes hablan de su posible paso por la región, y subrayan a menudo los beneficios de la Kalasha-Dur, que permite que los niños vuelvan a aprender sus tradiciones.
La Kalasha-Dur es antes que nada la obra de un griego apasionado, Athanasis Lerounis, un ex docente que trabaja en los valles kalash desde hace casi treinta años para la ONG Greek Volunteers. Desde hace unos veinte años, profesores y médicos griegos están presentes en esos lejanos valles. En 2001 recibieron importantes ayudas financieras del Hellenic Aid, el programa de cooperación del Ministerio de Relaciones Exteriores griego. En abril de 2005, Atenas e Islamabad firmaron un acuerdo de cooperación que subrayaba los “lazos culturales” existentes entre ambos países. Recientemente, con tal motivo, varios estudiantes kalash recibieron becas para estudiar en Grecia.
El Hellenic Aid no desea revelar el monto de las subvenciones acordadas, pero seguramente llegan a “millones de rupias” (3) según Maureen Lines, que dirige desde hace más de veinte años la ONG inglesa Hindu Kush Conservation Association. En general se justifica esa “cooperación” por los párrafos del relato de Arriano (4) que describen el cruce del Parapamisos, actual Hindu-Kush, por Alejandro Magno y sus generales (el año 329 a.C.). Y hasta en ciertos casos, por teorías más imaginativas, que presentan a los kalash como descendientes de prisioneros jónicos o sirios, enviados por los griegos a los confines del Imperio.
Sin embargo, no existe ninguna vinculación probada entre los kalash y Alejandro Magno, o los descendientes del ejército griego de entonces. Esta región del Hindu-Kush nunca formó parte de la satrapía (división administrativa del imperio persa) de Bactrian, por él conquistada. Para Augusto Cacopardo –uno de los etnólogos que desde hace treinta años lleva adelante las investigaciones más precisas sobre el tema (5)– cuando comenzó su trabajo no existía ninguna huella de un personaje que pudiera aproximarse a Alejandro Magno en la tradición oral o en la mitología kalash. Por otra parte, la lingüística pone claramente en evidencia la ausencia de lazos entre el griego y el kalashamon, la lengua kalash. Los escasos lazos linguo-sintácticos que pudieron despertar expectativas entre los lingüistas griegos, obedecen sólo al lejano origen común de lenguas pertenecientes a la familia indoeuropea. Los kalash son en realidad el último pueblo proveniente de los kafirs (literalmente “los infieles”) la gran mayoría de los cuales fueron convertidos al islam hace menos de dos siglos, en una región inestable que es hoy en día el Nuristán (el Reino de la Luz), en Afganistán. Por lo tanto, su presencia sería muy anterior a la llegada de Alejandro a la región. 

De bárbaros y civilizados 


Al observar en los últimos veinte años el resurgimiento del mito de los descendientes griegos perdidos en las montañas del Hindu-Kush, Cacopardo trazó  su historia. En Occidente, la referencia osciló sobre todo entre relatos de viajes (desde Marco Polo hasta los exploradores ingleses) y el mito literario (6). Sus investigaciones permitieron develar una dimensión aun más inesperada: esa leyenda fue mantenida en la región durante muchos siglos por los soberanos musulmanes locales como marcador de identidad. Los soberanos del Badakhshan no dudaban en adjudicarse el título de “Zulqarnain” (que significa “con dos cuernos”) en referencia al epíteto que designaba a Alejandro en su versión coránica (7). El etnólogo también pudo identificar huellas de ese relato entre los antiguos soberanos de la Hunza y de Swat, en Pakistán. Una de las principales razones de esa referencia a Alejandro reside muy probablemente en que la misma les permitía establecer alianzas locales en nombre de un improbable “lazo de fraternidad” con el nuevo conquistador inglés.
Cerca de dos siglos después de los soberanos del Badakhshan, Alejandro Magno reaparece. En efecto, los recientes estudios del psicosociólogo Nikos Kalampalikis muestran su creciente presencia en la construcción identitaria contemporánea griega (8). Su reaparición en ese país parece ocurrir en las mismas fechas (hace cerca de veinte años) que en las registradas en el Hindu-Kush. La novedad se manifiesta, por ejemplo, en el conflicto que opone a Grecia y a la República de Macedonia. Desde su independencia en 1991, la ex República yugoslava de Macedonia (según la denominación oficial de las Naciones Unidas) está enfrentada con Grecia respecto de las respectivas herencias identitarias.
La República de Macedonia exhumó de la Antigüedad los símbolos olvidados que la distinguen de sus vecinos albaneses y búlgaros. Pero Atenas sigue oponiéndose, a nivel de relaciones diplomáticas, a aceptar la denominación de República de Macedonia a un Estado al que acusa de plantear reivindicaciones sobre su provincia homónima. En 1992, la inclusión en la bandera de Macedonia del sol de Vergina, un símbolo descubierto en 1977 en una tumba, supuestamente de Felipe II de Macedonia –el padre de Alejandro– provocó furor en las autoridades griegas. Ante esas protestas, la República de Macedonia retiró ese símbolo de su bandera en 1995. Lo que no le impidió, en 2007, bautizar al aeropuerto de Skopie con el nombre de Alejandro Magno.
En esa escalada, ambas partes buscaron lógicamente una justificación extra de su identidad en aquellos que consideran sus “descendientes”. Los recientes apoyos financieros concedidos al programa de ayuda a los kalash pueden ser interpretados en esa perspectiva. En Grecia existen decenas de documentales, películas y libros recientes sobre los kalash. Por su parte, los macedonios no dudaron en afirmar que los verdaderos descendientes de Alejando se hallan en realidad en la Hunza, otro valle del Hindu-Kush. En julio de 2008, el príncipe Ghazanfar Ali Khan y la princesa Rani Atiqa, de la Hunza, fueron invitados a Skopie, y dijeron sentirse “honrados de volver a su país, Macedonia” (9). Interrogado sobre el tema, Kalampalikis expresó, no sin ironía, que evidentemente se podía hablar, en términos psicológicos, de “desplazamiento”.
Durante el mismo período, otro fenómeno de recuperación se añadió a esa reutilización del mito. Como los nuevos medios de comunicación permiten acceder a numerosos documentos escritos o iconográficos sobre los kalash, éstos acabaron simbolizando, a su pesar, a los pueblos occidentales en lucha por su identidad en un medio islámico hostil. Maureen Lines afirma que cada año recibe decenas de pedidos de información de parte de periodistas que buscan describir a un pueblo en lucha contra conversiones forzadas. Por lo tanto, en la construcción intelectual que procura dividir al mundo en civilizados y bárbaros (10), los descendientes de Alejandro Magno tienen un éxito creciente, como lo muestran los numerosos reportajes o referencias aparecidos en sitios de internet partidarios de una identidad occidental homogénea, ya sea nacional (11) o religiosa (12).
La reaparición del caso de los kalash, sin dudas tiene que ver con las similitudes asombrosas que existen entre los grandes temas identitarios planteados desde la Anábasis de Alejandro (13) respecto de la alteridad, del bárbaro y de la asimilación (14), y los que hallamos hoy en día en las teorías cercanas al “choque de civilizaciones”, donde el “Otro” pertenece primordialmente al área islámica. Al respecto, es posible preguntarse si una de las intenciones de Oliver Stone en su película Alejandro (2004) no era acercar Alejandro Magno a George W. Bush, ambos hijos de un “dirigente en jefe”, que continúa en Medio Oriente la conquista inconclusa de su padre.
Esta última forma de aprovechamiento es sin dudas más cercana a la verdad histórica. En efecto, Cacopardo subraya la muy alta probabilidad de que los kalash sean, al menos en esa zona, los últimos y valiosísimos representantes de culturas paganas indoeuropeas, que precedieron la llegada de los monoteístas, hecho ilustrado por sus rituales, cercanos al culto de Dionisos, el antiguo Dios llegado de Oriente en la mitología griega. Como lo muestra este caso, las “ilusiones identitarias” y sus variantes nacionales tienen como característica relatar historias fabulosas o escenificar uniones intelectuales inesperadas. La de Huntington y Dionisos no es seguramente la menos sorprendente. n 
1 Posiblemente, la actual Jalalabad en Afganistán, así llamada por su culto a Dionisos.
2 Flavio Arriano, L’Anabase d’Alexandre le Grand, Minuit, París, 1984, libro V, cap. I a III. Escrito en el siglo II, el texto de Flavio Arriano es considerado el relato más confiable de las expediciones de Alejandro.
3 Es decir, varias decenas de miles de dólares.
4 Ibid, libro IV.
5 Alberto Cacopardo y Augusto S. Cacopardo, Gates of Peristan, Istituto Italiano per l’Africa e l’Oriente, Roma, 2001, y Augusto S. Cacopardo, Proceedings of the First International Conference on Language Documentation and Tradition, with a Special Interest in the Kalasha of the Hindu Kush Valleys, Himalayas, Universidad de Tesalónica, Grecia, 7/9-11-08.
6 Rudyard Kipling, The Man who would be King (1888), y la película homónima de John Huston (1975).
7 Corán, S. XVII, 83, 84, 85.
8 Nikos Kalampalikis, Les Grecs et le mythe d’Alexandre. Etude psychosociale d’un conflit symbolique à propos de la Macédoine, L’Harmattan, París, 2007.
9 “Hunza Royals visiting Macedonia”, Macedonia Daily, 12-7-08.
10  Tzvetan Todorov, La peur des barbares. Au-delà du choc des civilisations, Robert Laffont, París, 2008.
11 Se pueden hallar numerosas referencias a los kalash en el sitio Altermediainfo.com, cuya versión original estadounidense fue fundada por David Duke, ex brujo imperial de los caballeros del Ku Klux Klan.
12 Particularmente en numerosos sitios religiosos ortodoxos.
13  Flavio Arriano, op. cit.
14 Cabe recordar la revuelta de Opis, en 324 a.C., durante la cual los generales de Alejandro le reprocharon a éste la atribución de las más altas funciones militares a los persas. 

 *Experto en Relaciones Internacionales.
“Actualmente somos apenas tres mil”, se lamenta Khan señalando una nueva mezquita.
Tomás Fredo. Isótopos (30 cm x 30 cm). 2009.
Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/los-nietos-de-alejandro-magno

8 jun. 2010

Que tal si lo hacemos a la inversa y no no dejamos quitar la comida que se llevan...? “Estamos orgullosos de nuestra lengua y de nuestra identidad, pero eso no quita que el inglés es la lengua de las ciencias y de la tecnología. No podemos rezagarnos en la competencia global. Si queremos que nuestros hijos contribuyan a que su país se convierta en un verdadero competidor en la globalización, no hay otra alternativa que enseñar en inglés”.

Entre lengua y ciudadanía

Por Akram Belkaïd*, enviado especial
Los Emiratos Árabes Unidos, “invadidos”
 
Los inmigrantes han constituido siempre un grupo humano,minoritario por naturaleza, marginado y hasta estigmatizado por la sociedad en la que se incrustan. ¿Pero qué pasaría si los extranjeros fueran la mayoría aplastante de un país y su población autóctona apenas un 17%? Tal es el caso, absolutamente peculiar, de los Emiratos Árabes Unidos, donde la clase dirigente se debate entre la apertura al mundo moderno y el énfasis en la defensa de sus rasgos identitarios. 
Un niño de unos diez años, con calzado deportivo con rueditas en los talones, se luce en derrapes y figuras acrobáticas sobre el mármol del Marina Mall, uno de los principales centros comerciales de Abu Dhabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos (EAU). Acodado a la barandilla de un piso más alto, su padre, un emiratí que lleva la tradicional dishdasha inmaculadamente blanca, lo interpela en árabe, solicitándole que suba de inmediato. El hijo parece no escuchar, y persiste en la imitación de dos chicas occidentales que se deslizan sobre el hielo de una pista de patinaje cercana. El padre acaba enojándose, y esta vez en lengua inglesa, promete confiscarle el calzado y un buen correctivo. El chico obedece inmediatamente mientras su padre, tomando como testigos a sus amigos, pero también a los clientes y curiosos que asistieron a la escena, dice: “¡A lo que hemos llegado con ‘su’ lengua inglesa! ¡Cuando le hablo en árabe se hace el que no entiende nada!”.

El triunfo del inglés 


Una vez que padre e hijo se han ido, algunos emiratíes reunidos en torno a una mesa de una terraza vecina comentan el incidente. “Eso pasa en muchas familias. Ya no se sabe muy bien si los niños están aquí o si se están convirtiendo en pequeños estadounidenses o ingleses, incapaces de expresarse correctamente en árabe. Es un tema realmente preocupante. Nos obliga a reflexionar sobre cómo debemos reformar nuestro sistema educativo. La preservación de nuestra identidad está en juego”, explica Jalal Al-Sultan, hombre de negocios de Dubai. Su vecino, Youcef Al-Aisa, funcionario del Estado Federal (1), recuerda que la lengua inglesa es a menudo presentada como la solución a todos los problemas de los Emiratos: “Algunos bromistas llegaron incluso a afirmar que iban a obligar a los muecines a emitir el llamado a la oración en inglés, y por si fuera poco con acento de Oxford…”.
Desde 2008, oficialmente bautizado como “año de la identidad nacional”  por las autoridades federales, el debate sobre la utilización de la lengua inglesa no ha dejado de conmover a la sociedad, llegando a veces a sorprender por su virulencia. Por un lado, los que reivindican una apertura al mundo y la necesidad de anclar en la modernidad, incorporando el inglés a la enseñanza; por el otro, aquellos para quienes un cambio de ese tipo menoscabaría inevitablemente la identidad emiratí, a la vez que árabe y musulmana de los “locales”, como se complacen en llamarlos los expatriados occidentales.
En noviembre de 2009, ante un grupo de periodistas venidos del mundo entero para asistir a las celebraciones del trigésimo octavo aniversario de la creación de la Federación de los Emiratos Árabes Unidos, Abdul Aziz-Al Ghurair, speaker del Consejo Nacional Federal, órgano consultivo integrado en su mitad por representantes electos, difundió un mensaje sin ambigüedades: “Somos una sociedad abierta, pero no es cuestión de perder nuestra identidad. Si no tomamos recaudos, vamos a desaparecer, tragados por las corrientes de la globalización. ¡No veo por qué los quebequenses tendrían derecho a seguir siendo ellos mismos y nosotros no!”.
Ese mismo día, y frente al mismo auditorio, el muy influyente ministro de Educación Superior, jeque Nahyane Ben Mubarak, se expresaba de modo muy distinto: “Estamos orgullosos de nuestra lengua y de nuestra identidad, pero eso no quita que el inglés es la lengua de las ciencias y de la tecnología. No podemos rezagarnos en la competencia global. Si queremos que nuestros hijos contribuyan a que su país se convierta en un verdadero competidor en la globalización, no hay otra alternativa que enseñar en inglés”.
En febrero de 2010, un coloquio sobre el empleo de los jóvenes diplomados, organizado por el Emirates Center for Strategic Studies and Research (ECSSR), principal “tanque de pensamiento” de Abu Dhabi, demostró que ese debate distaba de estar concluido. “Primero nos dijeron que nuestras universidades tenían debilidades, y que debían adoptar la lengua inglesa. Luego nos explicaron que para mejorar el nivel había que solicitar ayuda a universidades extranjeras. Pero al día de hoy no hemos solucionado el problema de nuestros jóvenes diplomados desocupados y peor aún, muchos de ellos no saben quiénes son. Ya sea que hable inglés o no, un desocupado sigue siendo un desocupado”, señala irónicamente el universitario Khalifa Al-Souwaidi.
Lejos de los clisés que tienden a presentar a las sociedades del Golfo como atrasadas, este debate revela en realidad un cuestionamiento más vasto y profundo. A pesar de los sinsabores financieros del emirato de Dubai (2), la Federación sigue siendo uno de los países más ricos del mundo, gracias a los enormes recursos de Abu Dhabi. En 2010, el crecimiento de su Producto Interior Bruto (PIB) debería alcanzar el 5%, y la crisis financiera no frenó la afluencia de trabajadores extranjeros: estos últimos siguen representando cerca del 83% de una población total que las cifras oficiales publicadas en octubre de 2009 estiman en 5 millones de individuos. Esta dependencia de una mano de obra no nacional, sea o no calificada, constituye la principal preocupación en materia de identidad nacional.
Un alto funcionario, que prefiere preservar su anonimato, nos confía: “Nosotros somos minoritarios en nuestro propio país, donde cohabitan cerca de doscientas nacionalidades. Esto puede traducirse en una sensación de estar rodeados, lo que provoca a su vez un endurecimiento identitario. Así se explica, por ejemplo, el debate sobre la lengua inglesa. Nosotros queremos seguir siendo diferentes de aquellos a quienes recurrimos para construir nuestro país. Empezar a hablar su idioma constituye un factor de homogeneización que atemoriza a muchos. También por eso nos ponemos tan firmes en el tema del traje nacional, que todo funcionario debe llevar obligatoriamente”.
Conscientes de este desafío identitario, numerosos expertos locales no ocultan su inquietud frente a la implacable lógica demográfica. Sea cual sea el guión económico adoptado, los emiratíes siempre necesitarán mano de obra exterior, y sobre todo, seguirán siendo minoritarios en su propia tierra, con la angustiante perspectiva de no representar más que el 10% de la población en 2020. Gameel Mohamed, investigador del Emirates College for Advanced Education, advierte: “Es urgente que realicemos un verdadero debate nacional sobre este asunto. Si no se hace nada, si no se aportan soluciones para reducir nuestra dependencia respecto de los trabajadores extranjeros, no debe excluirse la hipótesis de que los árabes del Golfo acaben siendo un día las poblaciones aborígenes de la región. Las ‘primeras naciones’, como los indígenas de América, a las que por su escaso número se les impondrán tradiciones y valores que nada tienen que ver con su herencia”.
Esta preocupación va siendo más compartida a medida que ciertas reivindicaciones provenientes de algunas comunidades extranjeras se van haciendo cada vez más insistentes. Por ejemplo, representantes indios del mundo de los negocios, instalados en Dubai y Abu Dhabi desde hace tres generaciones, reclaman periódicamente una extensión de la nacionalidad emiratí a los extranjeros nacidos en el territorio de los Emiratos. “Yo nací aquí y nunca pisé India, tierra de origen de mis padres. Considero que Dubai es mi ciudad y que los Emiratos son mi país, pero pueden expulsarme de un día para el otro. Eso no es justo”, testifica Nancy R. Natyam, joven consultora de comunicación.
La prensa local, en particular la anglófona, publica regularmente alegatos redactados por personas originarias del subcontinente indio, pero también por intelectuales anglosajones, a favor de una reforma de la muy severa legislación sobre las naturalizaciones. Las autoridades toleran esos reclamos, impensables diez años atrás, procedentes de comunidades mayoritariamente bien integradas a nivel económico, y cuya situación material contrasta con la de los contingentes de trabajadores temporarios “importados” por los requerimientos de las obras de construcción. 

Invasión de extranjeros 


Pero la hipotética naturalización masiva de ciudadanos extranjeros, en especial asiáticos, es firmemente rechazada por los dirigentes locales. Un alto jerarca de Abu Dhabi, para quien lo urgente es reducir la dependencia respecto de los trabajadores extranjeros, incitando a la juventud local a ponerse a trabajar, nos confía: “Terminaríamos diluidos, y eso sería el fin de la identidad emiratí”. Y ya que estamos, citemos las declaraciones de Majid Al-Alawi, ministro de Trabajo del vecino emirato de Bahrein, para quien “los trabajadores extranjeros representan para las poblaciones del Golfo un peligro mayor que la bomba atómica o un ataque israelí”.
Esta desconfianza vale también para los ciudadanos oriundos de otros países árabes. Es verdad que un puñado de ellos, en particular los palestinos presentes en la región desde 1948, consiguieron finalmente la preciosa nacionalidad, pero no dejan de ser una excepción. “Naturalizar a egipcios o magrebíes permitiría aumentar la población emiratí al tiempo que se preserva parte de nuestra identidad árabe y musulmana. No podremos hacer otra cosa si no queremos quedar sumergidos por las poblaciones del subcontinente indio”, analiza en privado un banquero de Dubai, al tiempo que reconoce el carácter muy hipotético de un proceso de ese tipo: las autoridades locales desconfiarían de esas poblaciones árabes susceptibles “de plantear reivindicaciones políticas una vez que hayan sido naturalizadas”.
Interrogadas sobre una hipotética falta de voluntad de integración de los extranjeros, las autoridades se defienden de toda xenofobia. “Nosotros no le mentimos a nadie. Toda persona que tenga competencias es bienvenida en los Emiratos Árabes Unidos, pero tiene que irse una vez terminado su contrato de trabajo. No podemos hacer como Francia o Canadá, donde basta residir algunos años para obtener la nacionalidad. Para nosotros, que no somos muchos, eso sería un caos”, se oye decir en el entorno del emir Khalifa Bin Zayid Al-Nahyan, presidente de la Federación.
El muy mediático jefe de Policía de Dubai, general Dhahi Khalfan Tamim, es una de las pocas personalidades que aborda este tema públicamente y sin pelos en la lengua. Según él, no se puede reivindicar la naturalización de cientos de miles de inmigrantes que residen en los Emiratos bajo pretexto de respetar los derechos de las personas. “¿Convertir a los emiratíes en una minoría permanente dentro de su propio país corresponde a los derechos humanos?”, pregunta cada vez que es interpelado sobre este tema. “Es cierto que los inmigrantes trabajaron activamente para la construcción de la infraestructura de los Emiratos. Pero el beneficio que sacaron de ello es aún mayor”, concluye Tamim.
En la primavera de 2009, durante un foro sobre la identidad nacional en Dubai, el general llegó a preguntarse en voz alta, en presencia de altos jerarcas del Estado Federal, si próximamente el candidato a la presidencia del país no iría a ser un indio… De ahí en más, esta muy mediatizada invectiva es citada cada vez que se aborda la cuestión de la identidad de los Emiratos Árabes Unidos y de su desequilibrio demográfico. Ella sintetiza muy bien la posición conservadora de las autoridades, y de buena parte de los emiratíes. Pero hasta el momento, no esboza ninguna solución respecto a uno de los desafíos mayores para un país que en diciembre de 2011 festejará sus cuarenta años de independencia. 
1 Los Emiratos Árabes Unidos son un Estado Federal compuesto por siete emiratos: Abu Dhabi, Dubai, Sarja, Fujaira, Ajmán, Ras el Jaima y Um el Kaiwain. La capital federal es Abu Dhabi.
2  Ibrahim Warde, “Dubai, crónica de una caída anunciada”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, marzo de 2010. 


*Periodista.
Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/entre-lengua-y-ciudadani