6 jun. 2010

Tenemos que empezar por la prevencion y continar con el replanteamiento y analisis del estado en el que nos encontramos para enfreantar desatrez naturales y sociales.

Cómo minimizar los riesgos

Por Héctor Gallegos*
Peligros naturales
 
Mi padre nació  en Chillán,  en los contrafuertes cordilleranos de la sierra de Concepción,  tierra de los bravos mapuches y de sismos muy violentos. Después de una breve estada de cinco años en el Perú durante la cual fue miembro del equipo diplomático que ayudó al arreglo de nuestros graves entuertos nacidos en la Guerra del Pacífico, casó con una peruana guapa y de belleza limeñísima.
Murió en Santiago de Chile cuando yo tenía poco más de tres años, así resulté volviendo muy niño al Perú.  Soy pues peruano, con servicio militar completo e indeclinable arraigo nacional.  Además de esa pertenencia nací con una temprana vocación por la profesión (no el negocio) de la ingeniería civil; inexplicable pues mis ancestros solo habían sido abogados, médicos o militares.
La  temprana relación con los amigos de mi padre me permitió conocer a grandes ingenieros: Subercaseaux, Barros, Monge, Saragoni, Petinelli y muchos más igualmente competentes. Todos ellos versados en los peligros naturales. Entre los más notables ingenieros sísmicos del mundo, ellos desarrollaron una de las grandes ingenierías antisísmicas del planeta.
El terremoto que sufrió Chillán el 24 de enero de 1939 sacudió también todas las ciudades colindantes con una magnitud registrada de 8,3º en la escala de Richter.  Este sismo ostenta el récord de la mayor cantidad de muertos en la historia de Chile.  Datos de prensa consideran entre 20 mil y 30 mil las víctimas fatales, y se basan en la gran destrucción que se percibía en la ciudad. Visité Chillán en 1975 para conocer las tumbas de mis antepasados: ninguna figuraba fechada después de 1940. 
El terremoto de Valdivia de 1960, conocido también como el Gran Terremoto de Chile, ocurrió el domingo 22 de mayo de 1960 a las 15:11, hora local. Su epicentro se localizó en las cercanías de la ciudad de Valdivia, en el sur  de Chile, y tuvo una magnitud de 9,5º en la escala sismológica de magnitud de momento (Mw).  Ha sido[] el mayor sismo registrado en la historia sísmica de la humanidad.  Una serie de movimientos telúricos de importancia prosiguieron  15 días después del sismo principal y afectaron gran parte del sur de Chile. El sismo fue percibido en diferentes partes del planeta y produjo un maremoto que afectó diversas localidades a lo largo del océano Pacífico, como Hawai y Japón, así como la erupción del volcán Puyehue. Más de 2, 000 personas fallecieron y más de 2 millones quedaron damnificadas a causa de este desastre.
La ingeniería sísmica chilena nace de estos dos gigantescos sismos y de varios tsunamis.  Sin duda con la japonesa, californiana y neozelandesa, la chilena es una de las grandes ingenierías sísmicas con base científica del planeta. Por ello este texto es un homenaje a ellas, recuerda sus éxitos (como Valparaíso), sus lecciones al mundo, y llora sus fracasos. Estos, que duda caben, seguirán enseñando sismología, sismo resistencia, prevención y atenuación de daños a nuestros amigos chilenos y a toda la comunidad ingenieril.
Los peligros naturales (sismos, tsunamis, huaycos, fuego, agua, viento, sequías, inundaciones y volcanismo) pueden causar daños aleatorios a la vida, la salud y a las construcciones, siempre y cuando estas sean vulnerables. Perjuicios imperceptibles o catastróficos son algunas de sus consecuencias, y se miden por el costo de los daños ocurridos en las construcciones y lo que ellas contienen: personas, animales, obras de arte, objetos en general.
Es importante notar que no existen los denominados desastres naturales, sino los desastres causados por el hombre cuando un fenómeno natural arremete contra él y sus obras.  Cuando no hay vidas humanas ni obras en el epicentro o en las rutas del movimiento sísmico o del tsunami, no se produce desastre alguno.
La energía liberada se mide objetivamente en grados de energía liberada, y la intensidad del sismo es medida subjetivamente, por la evaluación de los daños, en grados Mercalli.  Sin embargo, debido a las diferentes atenuaciones que actúan sobre la energía (distancia del foco, suelo de recorrido, por ejemplo), es la intensidad el mejor patrón de evaluación de un evento terrestre.
Ejemplos de desastres graves recientes son los siguientes (como se notará  no se menciona la magnitud): Ciudad de México, por su suelo blando y severamente oscilante combinado con edificaciones muy flexibles; Huaraz, por su débil y mal mantenida construcción así como por la estrechez de sus calles (se dice, con razón, que la gente no murió dentro de sus casas sino en sus angostas calles); Yungay y Ranrahirca, por repetir la construcción en una zona de gravísimo peligro de deslizamiento de piedras, lodo, agua y hielo; Pisco, por su pésima calidad de diseño y construcción.
Finalmente cito el que motiva la presente nota.  Ocurrido el 27 de febrero del 2010 denominado Terremoto de Chile 2010, liberó una energía de 8,8º Mw, que afectó gravemente las regiones chilenas de Valparaíso, Metropolitana de Santiago, O’Higgins, Maule, Biobío y La Araucanía, que acumulan más de 13 millones de habitantes, cerca del 80% de la población del país. En las regiones del Maule y el Biobío, el terremoto alcanzó una intensidad de IX en la escala de Mercalli, arrasando con gran parte de las ciudades de Constitución, Concepción, Cobquecura y el puerto de Talcahuano. En las regiones de La Araucanía, O’Higgins y Metropolitana, el sismo alcanzó una intensidad de VIII provocando importante destrucción en la capital, Santiago de Chile, en Rancagua y en las localidades rurales. Las víctimas fatales llegan a un total del orden de 1,000 fallecidos. []Cerca de 500 mil viviendas están severamenten dañadas y se estiman un total de 2 millones de damnificados, en la peor tragedia de origen natural vivida en Chile desde 1960. El riesgo material ocurrido se ha estimado en 30,000 millones de dólares.
La gran pregunta que demandará largo tiempo e investigación para ser respondida adecuadamente es cómo podía coexistir tan grande vulnerabilidad y desconocimiento geológico en un país de reconocida ingeniería de calidad. Y, particularmente, de competencia sismo resistente.
Y al Perú, con bastante menos competencia ingenieril: ¿Qué podría ocurrirle ante un evento de magnitud similar que es sin duda posible? Y, también, ¿qué podemos hacer para reducir nuestra vulnerabilidad? 

 

¿Cuáles son las causas de la elevada vulnerabilidad de las obras en el Perú? 

      1.  La pobre calidad de la educación nacional en todos los niveles.  En el campo de la ingeniería esto se manifiesta con graduados incompetentes e incapaces de aprender a aprender, con la equivocada conciencia de pertenecer a un mundo estático.  Es por ello que la mayoría de ingenieros en el mundo padece una suerte de autismo profesional, no están capacitados para comprender que la única certeza en el mundo es el cambio.
La autorización que el Estado ha dado a todas las universidades (estatales y privadas) para otorgar títulos a nombre de la nación y  no como debiera ser, a nombre propio.  Tal vez eso sería discutible para otros grados académicos, pero resulta inadmisible -por el grave daño social y económico que ocasiona- cuando el grado es profesional.
La educación y el propósito de lucro concentrados en una institución.  El daño que esto produce es muy grave.   Hoy proliferan universidades que tienen como fin único el lucro,  puramente crematísticas, cuya prioridad es la utilidad.  Sus atractivos edificios, complejas instalaciones y equipamiento costoso contrastan severamente con su pobreza curricular, su detalle silábico y con la incompetencia de sus profesores.  Ese vacío educativo, más el engaño que  hacen a sus estudiantes, queda descubierto cuatro o cinco años después, cuando el nuevo profesional tiene que afrontar las limitaciones de su infame preparación.
La imposibilidad del Colegio de Ingenieros del Perú (CIP) de actuar en nombre de la nación para cumplir con dos de sus objetivos principales:  a) Colegiar, es decir, profesionalizar, y  b) Controlar el ejercicio ético de los ingenieros.  Mientras las universidades otorguen títulos profesionales a nombre de la nación esto será un imposible.
La carencia de una educación holística y de un sistema de acreditación honesto, objetivo y respetable en todas las universidades.  Esta realidad empeora el problema de la ingeniería peruana e incrementa la vulnerabilidad de sus obras.
La  muy vulnerable configuración de los edificios diseñados sin la participación de ingenieros competentes. Esto conduce a edificios flexibles, asimétricos e ingenuamente”bellos”.
La pésima construcción de las obras: materiales inadecuados, conexiones defectuosas, mezclas y compactaciones deficientes. Uno de nuestros grandes problemas es la mala construcción. ¿A quién se culpará si hay daños severos: al diseñador, al analista o al constructor? 

¿Cómo resolver este grave problema? 

Es indispensable implantar un sistema de acreditación objetivo para analizar, aprobar o desaprobar y corregir íntegramente el proyecto educativo de cada carrera de ingeniería.
El estudio integral de la ingeniería debe incorporar la cultura y desarrollar capacidades para el aprendizaje y la comunicación.  Deberá  también reflexionar en los aspectos conceptuales, no solo en los técnicos (que están en cambio permanente).
Cambiar o corregir los problemas señalados requiere  una  profunda transformación de los  intereses políticos y empresariales, y demanda anteponer la calidad del diseño al denominado “buen gusto”, la elaboración de un concienzudo análisis a una primitiva aplicación reglamentaria, y una correcta construcción a una opción crematística de la construcción.
Pretender que los problemas se resuelvan nombrando a inspectores del CIP (aun si son profesionales con la formación y experiencia debidas) es ilusorio. Se requiere también de un comprador que sepa adquirir calidad y no detalles innecesarios, es decir que también sea educado para comprar.
      6. Por último, a partir de nuestra experiencia, pensamos que es preciso:
Delegar en compañías de seguros la responsabilidad de revisar los proyectos, tanto la configuración como el análisis, dibujo y especificaciones.
También delegarles la supervisión de las construcciones: procesos, materiales, conexiones, dosificaciones, homogeneidad, maduración, entre otros. 
De no cumplirse íntegramente esta delegación integral se prohibirá otorgar garantías, fianzas, préstamos, hipotecas y participar en el negocio. Comprometer seguros obligatorios por lo menos por cinco años después de  concluida la obra.
Dada la amplitud y la complejidad de estas propuestas, creemos que la anteriormente escrita puede aplicarse y funcionar de manera inmediata.  De este modo estaremos dando el más decidido paso para minimizar los riesgos y reducir la vulnerabilidad para atender los peligros naturales que las obras deberán inevitablemente enfrentar. 

El Estado 


Su función es integral: responder por la evaluación y prevención de los efectos en la infraestructura de servicios públicos, vías, espacio público, así como en las instituciones educativas y de salud. El diseño y socialización de políticas y estrategias para la prevención y el manejo de los peligros naturales, debe convertirse en una de sus prioridades.  La comunidad debe ser debidamente preparada para conocer cómo actuar ante un evento, esto incluye tanto instituciones públicas como privadas.  


*   Ex - Decano del Colegio de Ingenieros del Perú.  Miembro del Consejo Editorial de Le Monde diplomatique, edición peruana.
Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/como-minimizar-los-riesgos

5 jun. 2010

Entonces cual seria el temor, para armarse hasta los dientes para someter un poder a otro y marcar la linea economica de los interes economicos clasistas

Agujeros en el “escudo” nuclear

Por Olivier Zajec*
Un Tratado poco democrático

La idea del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) tiene su origen en los años 50, cuando tres países –Estados Unidos, Rusia y el Reino Unido–  ya habían desarrollado armas atómicas, y otros dos Estados –Francia y China– realizaban investigaciones que los observadores de entonces no dudaban de que conducirían a su desarrollo (lo que efectivamente sucedió en 1960 con París, y en 1964 con Pekín).
Estados Unidos, el principal interesado en una limitación de la carrera por las armas atómicas, teniendo en cuenta su estatuto de potencia más avanzada en la materia, fomentó a comienzos de los años 50 el “confinamiento” diplomático del control estatal sobre la bomba.
Con esta lógica, el presidente Dwight Eisenhower propuso, el 8 de diciembre de 1953, ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la creación de un organismo encargado de controlar el uso de materiales nucleares (1).
Con miras a lograr la paz mundial (y el mantenimiento de sus respectivos estatutos), las demás potencias nucleares, o a punto de serlo, hicieron rápidamente sus cuentas: también tenían interés en que un dispositivo reconociera sus progresos y detuviera la “democratización” a término de una herramienta de poder más que discriminadora. No faltaron aliados objetivos para este emprendimiento. 

No hay guardián sin ley 

Basada en el peligro de una proliferación generalizada, la idea de Eisenhower siguió  su curso, aunque durante mucho tiempo siguió siendo rehén de las relaciones de fuerza entre Estados Unidos y la Unión Soviética (en ese entonces la Guerra de Corea recién había terminado). Luego de agitados debates, en octubre de 1956 la ONU creó finalmente el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Su verdadera misión, según el artículo 3, inciso 5, de su Estatuto, consiste en “asegurar que los materiales fisionables especiales y otros, así como los servicios, equipo, instalaciones e información suministrados por el Organismo, o a petición suya, o bajo su dirección o control, no sean utilizados de modo que contribuyan a fines militares”. En contrapartida, explica su artículo 3, inciso 1, ofrece “fomentar y facilitar, en el mundo entero, el desarrollo y la utilización práctica de la energía atómica con fines pacíficos y la investigación en ese campo”.
El orden de prioridades se encuentra entonces invertido en el texto: teniendo en cuenta las relaciones de fuerza de entonces, es el inciso 1 el que deriva del 5, y no al revés. El OIEA es primero un guardián, y luego un facilitador. El artículo 3 en su inciso 5 genera además una consecuencia mayor: para evitar terminar siendo un comité técnico periférico e impotente, el OIEA debía disponer de un tratado vinculante, que el organismo se encargaría de hacer respetar. No hay guardián sin ley.
Esta “hoja de ruta” de valor legal universal sería el TNP. El 1º  de julio de 1968, el texto del Tratado fue firmado por cuarenta y tres Estados (incluyendo, entonces, a Corea del Norte). Ratificado el 5 de marzo de 1970, entró en vigor por veinticinco años y tendría un éxito indiscutible, hasta convertirse en el tratado más “aglutinador” del mundo (sólo tres Estados – Israel, India y Pakistán– nunca lo firmaron). En sus consideraciones preliminares, el texto retoma el objetivo de un acceso universal a la energía atómica para uso civil y traza, algo que se ha olvidado, el ideal de un mundo sin armas nucleares. Los signatarios deseaban en efecto “promover la détente internacional y el fortalecimiento de la confianza entre Estados con el fin de facilitar el cese de la fabricación de armas nucleares, la liquidación de todas las reservas existentes de dichas armas y la eliminación de las armas nucleares y sus vectores de los arsenales nacionales, en virtud de un tratado sobre el desarme general y completo bajo un control internacional estricto y eficaz”. En este sentido, el presidente estadounidense, Barack Obama, en su discurso de Praga sobre la “opción cero” –menos audaz de lo que se dijo–, habría podido leer también el TNP (2).
Esperando esta “visión beatífica”, el TNP, tal como se redactó entonces, santifica la tecnología atómica militar, a lo largo de diez artículos abiertos y cerrados a la vez. Abiertos, como los artículos 8 y 10, según los cuales todo Estado signatario puede proponer enmiendas al Tratado, o retirarse si “acontecimientos extraordinarios, relacionados con el objeto del presente Tratado, han comprometido los intereses supremos de su país”. Cerrados, como los artículos 2 y 3, verdadero corazón del texto, que tratan sobre el dispositivo de no difusión de los proyectos y materiales constitutivos de las armas, y que describen la renuncia militar de los “Estados no poseedores de armas nucleares” (ENPAN), y el régimen de inspección al que se someten bajo supervisión del OIEA, a cambio de un acceso a las tecnologías civiles garantizadas por los “Estados poseedores de armas nucleares” (EPAN) (3). 
 

Debilidades del instrumento jurídico 


Toda la fuerza del Tratado reside allí, mas toda su ambigüedad también: para que la renuncia consentida libremente por los ENPAN sea compensada, es necesario que los EPAN reduzcan gradual pero verdaderamente sus arsenales, por un lado (4), que difundan ampliamente su tecnología nuclear civil, por el otro, y que adopten también principios de uso muy restrictivos, para que los ENPAN no se sientan amenazados. Ninguno de los tres puntos sería realmente satisfactorio, pero, a pesar de los numerosos debates (5), el TNP se forjaría una legitimidad, hasta ser renovado en 1995 por tiempo indeterminado. En 1998, finalmente, un protocolo adicional al Tratado garantizó la total libertad de movimiento para los inspectores del OIEA en misión (6).
Tres dificultades importantes debilitan el Tratado: por un lado, la frontera cada vez más permeable entre tecnologías nucleares civiles y militares; por el otro, el carácter declaratorio del proceso de control (los Estados informan al OIEA qué instalaciones visitarán, pero pueden ocultar algunas), así como la indefinición real de las “pruebas” de las eventuales faltas; finalmente, la posibilidad para algunos ENPAN vinculados al Tratado de seguir maniobrando para alcanzar el “umbral” nuclear o superarlo, a lo largo de una secuencia suscripción-ratificación-aplicación que puede eternizarse (7).
A pesar de las barreras de no proliferación que contiene el texto, los “fracasos”  serían numerosos. Pero, ¿se trata de fracasos atribuibles al propio TNP? Vale la pena preguntárselo. Principal punto oscuro para señalar: el desarrollo atómico de los hermanos enemigos del Sur de Asia, India y Pakistán, convertidos en potencias nucleares militares en 1974 y 1985 respectivamente, y no signatarios del TNP. En el caso de India, Washington hasta 1965, y luego Moscú, ayudaron intencionalmente a Nueva Delhi por razones de equilibrio geopolítico, en el marco de la Guerra Fría. Pero este “recorrido tutelado” se cristalizó sobre todo antes de la creación del TNP y su ratificación general en 1970. Las cartas ya estaban echadas antes de 1974, cuando explotó la primera bomba de India (8).
El caso de Pakistán, en cambio, comenzó con una ambigüedad: algunos Estados, entre ellos Francia, transferían sus conocimientos civiles pensando que Islamabad adheriría al TNP. Nada de eso sucedió y, cuando esta ayuda se interrumpió, China tomó el relevo hasta el éxito alcanzado por Pakistán en 1985. ¿Una “ruptura de contrato” del TNP por parte de uno de los Estados poseedores de armas nucleares? Técnicamente no, ya que Pekín recién adheriría al TNP en 1992. 

Algunos casos graves 

Israel constituye otro fracaso importante, el más problemático de la lista de no signatarios, ya que estuvo acompañado por la circunstancia agravante de una negación oficial de la realidad (a diferencia de Pakistán e India) y un impávido apoyo de Estados Unidos, que nada ignoraba de la supuesta no posesión de armas nucleares de Tel Aviv .
Por el lado de los signatarios, Taiwán, Corea del Sur y Japón se convirtieron técnicamente desde luego en “países en el umbral”. Pero Taiwán no podía violar el TNP, ya que su estatuto le impide ser signatario (por la política de una sola China). Washington finalmente “bloqueó” sus proyectos. Corea del Sur y Japón, países signatarios tardíos (1975 y 1976) y potencias tecnológicas de punta, permanecieron por su parte bajo tutela y “garantía de seguridad nuclear” estadounidense.
El caso de Irán parece más claro: país signatario del Tratado, violaría sus compromisos buscando aparentemente desarrollar armas nucleares; en materia de garantías, nadie, ni China ni Rusia, puede reivindicar un padrinazgo bilateral de contención eficaz al respecto. En cuanto a Corea del Norte, se presenta como un caso también grave, ya que, a diferencia de Irán, se retiró del Tratado (en 2003) y sus avances, aunque tardíos, siguen estando protegidos incluso indirectamente por la instrumentalización que hace de éste un EPAN, en este caso China (que parece sin embargo haber interrumpido su ayuda directa a Pyongyang luego de haber ratificado el TNP).
Visto así, el cuadro no es alentador. Sin embargo, se lo puede apreciar de otra manera. Excepto Corea del Norte, ningún Estado se retiró del Tratado. Y, en 2010, ningún signatario no poseedor de armas nucleares ha podido obtenerlas. Desde el nacimiento del TNP, el mundo no vivió guerras nucleares ni escaladas comparables a la de Cuba en 1962. Las zonas desnuclearizadas por Tratado (disposición prevista en el artículo 7 del TNP) (9) se multiplicaron: Antártida en 1959 (antes del TNP), Pacífico Sur en 1985, América Latina en 1995. Kazajstán, Ucrania y Bielorrusia desmantelaron su arsenal, al igual que Sudáfrica y Suecia. Brasil y Argentina renunciaron a sus investigaciones.
Todo esto no es consecuencia directa del TNP, pero el Tratado de 1968 constituye sin embargo el telón de fondo legal y moral al cual se aferraron, o invocaron, las negociaciones oficiales, bilaterales o no, que condujeron a estos logros. La prórroga de 1995 “por tiempo indeterminado” muestra por sí sola la importancia adquirida a fin de cuentas por este texto (que teóricamente, hubiera podido prorrogarse sólo de manera limitada por otros veinticinco años).
La cuestión de la eficacia del TNP ¿se plantea en estos términos? Esperando una “opción cero” ideal, no lo es, y sigue dependiendo particularmente de doctrinas de disuasión “responsables” por parte de los EPAN (nociones de no empleo y estricta suficiencia, siguiendo el ejemplo de Francia). Habría que imaginar más bien cuál sería la situación si el TNP no existiera. En efecto, es más fácil recordar lo que el Tratado no logró impedir que mostrar lo que permitió evitar. En este terreno, se cuentan los fracasos; ni un logro, sobre todo si se define negativamente.
En el balance, y mientras la polémica sobre el programa iraní está en su apogeo, concedamos a sus detractores que el TNP constituye un escudo lleno de agujeros, frente a una amenaza –de proliferación–  que no ha podido eliminar. Pero de todas formas sigue siendo un escudo, y lo que puede verse a través de sus orificios a nadie le da ganas de desecharlo.
1 Discurso conocido como “Atoms for Peace”. Texto integral: www.atomicarchive.com
2 Selig S. Harrison, “Armas nucleares por siempre”, Le Monde diplomatique, ed. Cono Sur, Buenos Aires, abril de 2010.
3 El acuerdo de garantía de cada Estado con el OIEA se firma teóricamente dentro de los 180 días siguientes a la adhesión al Tratado.
4 Lo que se comprometen a hacer en el artículo 6.
5 El Movimiento de No Alineados (NOAL, integrado por 118 países) reclama regularmente una mayor apertura de los EPAN respecto de la distribución de la tecnología civil (según el TNP), y la ratificación del Tratado por parte de Israel.
6 Unos 60 de 189 signatarios aplican el protocolo adicional.
7 Pierre Vandier, La prolifération nucléaire en Asie menace-t-elle l’avenir du TNP?, Collège interarmées de défense, París, 1-10-05. Recordemos que Francia recién ratificó el TNP en 1992.
8 Mucho más grave es el acuerdo de cooperación nuclear firmado por Washington con Nueva Delhi en 2006, que parece recompensar la elusión del TNP realizada por India. Véase “Prime nucléaire pour l’Inde”, La valise diplomatique, Le Monde diplomatique, París, 23-11-06.
9 “Ninguna disposición del presente Tratado afectará el derecho de cualquier grupo de Estados a celebrar tratados regionales con el fin de garantizar la ausencia total de armas nucleares en sus respectivos territorios”. 

*Encargado de estudios en la Compañía Europea de Inteligencia Estratégica (CEIS), París.
Edición de Luz & Sombras. Fuente original:_ http://www.eldiplo.com.pe/agujeros-en-el-%E2%80%9Cescudo%E2%80%9D-nuclear